Opinión

Presiones chinas

Hace unos días le recordaba que en octubre caen las hojas de los árboles, pero también los mercados. Y así ha sido. En ese mismo texto le comentaba que durante el tercer trimestre del año, julio-septiembre, el dólar se fortaleció contra todas las monedas del mundo, y contra varios otros instrumentos de inversión, como los metales preciosos o el petróleo.

Lo que estamos viendo hoy en los mercados es un momento de alta volatilidad resultado de ese proceso de incremento de valor del dólar, sumado al tradicional nerviosismo de octubre, pero no sólo eso. Como usted recuerda, la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) hizo todo tipo de esfuerzos por impedir que la crisis de liquidez iniciada hace justo seis años se convirtiese en una depresión. La quiebra de Lehman Brothers y el derrumbe de varias otras grandes empresas financieras causó que todo mundo se moviese el dólar. Normalmente, una crisis financiera origina una corrida de inversionistas hacia otras monedas, pero el dólar es la referencia mundial, y Estados Unidos sigue siendo la economía más grande del mundo, sobre todo medida en términos de consumo. Si ese país se derrumba, lo mismo ocurre con la economía mundial. Por eso, ante la incertidumbre global, todo mundo compra dólares.

Después de estos seis años, la Fed está cerrando poco a poco el flujo de dinero a los mercados, y se supondría que eso debería elevar la tasa de interés. Pero lo que ha ocurrido durante este año es lo contrario: la tasa de interés del bono de 10 años, que es la referencia principal para mediano y largo plazos, inició 2014 en 3.0 por ciento, y hace justo un mes estaba en 2.6 por ciento. Hace una semana andaba en 2.4 por ciento y ayer cerró en 2.1 por ciento. Esto quiere decir que hay una gran demanda de bonos, a pesar de que ofrecen menos rendimiento y a pesar de que muy probablemente quienes hoy compran perderán dinero cuando la tasa suba (por el ajuste de la Fed que le comentaba). Este aparente absurdo se explica por un nerviosismo muy grande en los mercados internacionales.

Lo que no sabemos es el origen del nerviosismo. Algunos lo atribuyen al estancamiento de Europa y Japón, otros a malas noticias de Estados Unidos, y algunos más al derrumbe del precio del petróleo. Hay incluso quien cree que la epidemia de ébola sería la causa. Nada de esto me parece convincente: Europa y Japón no están peor que hace unos meses, o años. La economía de Estados Unidos no está mal, al contrario. El precio del petróleo sí ha caído, pero eso no daña al potencial crecimiento, al revés. Y no parece que vaya a caer mucho más, porque ya llegó al límite a partir del cual una parte del petróleo no convencional ya no es negocio.

Lo que me parece que está detrás de esto es que el ajuste económico en China es mucho mayor al esperado. Ayer se informó que la inflación en ese país es inferior a lo estimado, y eso significa que la economía se está “enfriando” rápido. China está intentando “rebalancear” su crecimiento, pero eso no es fácil. Con el mismo modelo y el mismo problema, Japón se estancó desde 1989, y Corea desde 1999. No parece que China tenga más éxito, y ya no crece a 12 por ciento, ni a 10 por ciento, ni a 8.0 por ciento anual. Aunque afirman que todavía están por encima de 7.0 por ciento anual, yo lo dudo mucho, y creo que los inversionistas también lo dudan ya.

De verdad vamos a tener unos años interesantes…

Twitter: @macariomx