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Enrique Peña Nieto

Si el índice de popularidad fuera la métrica para evaluar el éxito o fracaso de los primeros tres años del sexenio de Enrique Peña Nieto, el presidente tendrá poco que celebrar. La empresa Parametría en su encuesta “Tercer año de gobierno de EPN” refleja que seis de cada diez entrevistados (59 por ciento) desaprobaron el desempeño del presidente. Por otra parte, el Latinobarómetro 2015 detalla información sobre las gestiones de los presidentes de América Latina y señala que 61 por ciento de los mexicanos no aprueba la gestión que encabeza el presidente, mientras que sólo 35 por ciento la aprueba. Estos datos sitúan al presidente Peña en los últimos cinco lugares de popularidad en la tabla, por debajo de los presidentes de Guatemala, El Salvador y Costa Rica, ligeramente por encima de los mandatarios de Venezuela y Brasil.

En otra encuesta, publicada por el periódico Reforma, también se pone en contexto el problema de popularidad de Enrique Peña Nieto, donde los ciudadanos lo califican con 4.9, siendo éste el nivel de rechazo más alto de un mandatario a mitad de su gestión, más alto incluso que el de Zedillo, Fox y Calderón.

Sorprende la mala percepción [que se tiene] del presidente Peña, ya que no hay administración que pueda presumir 28 reformas constitucionales y 11 reformas estructurales en tres años (reforma laboral, reforma de telecomunicaciones, reforma hacendaria, reforma en materia de transparencia, reforma educativa, reforma política-electoral, nuevo Código Nacional de Procedimientos Penales, la reforma en materia de competencia económica, reforma financiera y reforma energética). 

¿Qué sucede con la presidencia de Peña? ¿Será el desgaste natural de tantas reformas pisando callos e intereses? Cuestionamientos sobre actos de corrupción de él y sus allegados seguramente han minado la credibilidad del presidente. Pero no explican la profundidad del cuestionamiento que se refleja en las encuestas.

¿Será que, al igual que Fox y Calderón, el talón de Aquiles del presidente Peña es su gabinete? Recordemos el “gabinete Montessori” del presidente Fox y la afirmación en 2003 de que: “no haré cambios en el gabinete, pero si alguien se quiere ir...” No entendimos en su momento cuáles eran las intenciones originales del presidente Fox cuando anunció desde el inicio que su gabinete era sexenal. Tal vez quería enviar un mensaje de que habría continuidad en las políticas de su gobierno, por más buenas o malas que fuesen. Pero al final, la conclusión histórica fue que el gabinete controlaba al presidente Fox.

Considerando el comportamiento tan errático del ahora expresidente, fue bueno al final del día, pero lo único bueno que recuerda la historia de la administración de Fox es el hecho de que fue el “presidente de la transición”, el resto de su mandato fue un desastre.

En el caso del presidente Felipe Calderón, la historia y los errores se repitieron. En 2009 el cuestionamiento era que nombró desconocidos.

Perfiles bajos para no hacerle sombra al presidente. El error histórico de Calderón fueron sus nombramientos y estar mal rodeado, muchos de ellos teniendo un único atributo de ser amigo de Calderón o recomendado de bancada. Fueron además legendarios los odios y rencillas que existían en el gabinete de seguridad, que tuvo un extraordinario impacto en la “guerra” en contra del crimen organizado de ese sexenio.

Y en el caso del presidente Peña Nieto, ya sea por decisión o por incapacidad para supervisar a su equipo, los intereses personales y políticos de su gabinete están afectando la credibilidad del Ejecutivo, y debilitando a su gobierno en momentos críticos de su mandato.

En lugar de ser los escuderos del presidente, promoviendo e implementando las reformas estructurales, los secretarios claves abiertamente están haciendo campaña con miras al 2018. Y lo más interesante es que el presidente Peña se los permite.

Regresando a lo que podría suceder en los siguientes tres años de esta administración y el legado histórico de Enrique Peña Nieto, como sabemos, la percepción no necesariamente refleja realidad. Y la forma como se perciba al presidente no se tiene que traducir como el legado histórico de este mandatario o un fracaso en su mandato.

Pero mucho dependerá del gabinete y si en verdad se dedican a gobernar pensando en los intereses del país y de la implementación de las reformas. Por ahora, muchos están en campaña, y si Peña Nieto se descuida, la historia se repetirá: desorden en el gabinete se traduce en fracaso de gobierno.

Twitter: @Amsalazar

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