Opinión

PRD y Mancera, rumbos distintos en 2018

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Miguel Ángel Mancera

La semana pasada el Partido de la Revolución Democrática cumplió 27 años. Al festejo por el aniversario no asistió Miguel Ángel Mancera, jefe de Gobierno de la entidad más emblemática para el perredismo. Rara celebración la que ocurre sin uno de tus más importantes, al menos formalmente, activos.

En contraste, y también la semana pasada, Mancera protagonizó un encuentro peculiar. El gobernante capitalino, que no ha querido afiliarse al PRD, sostuvo una reunión con Enrique Alfaro, alcalde de Guadalajara, con Jaime Rodríguez, El Bronco, gobernador de Nuevo León, y con el oaxaqueño Gabino Cué.

La foto de la reunión presidida por Mancera, cónclave que incluyó comida, conlleva un mensaje de futuro. Tanto el independiente Jaime Rodríguez como Alfaro, parte de Movimiento Ciudadano, son (todavía) figuras con posibilidades de crecer. No se puede decir lo mismo de Cué, pero sí (a pesar de los pesares) de Mancera, quien cada vez que puede deja en claro que no se descarta como aspirante a una candidatura presidencial.

Esos dos eventos de la semana pasada son símbolos de la crisis del PRD. Mientras Mancera se retrata con políticos que llaman la atención a nivel nacional de cara a las elecciones de 2018 (reitero: en esos términos, Cué es la excepción en esa foto), la caballada perredista para las elecciones presidenciales, más que flaca, parece inexistente.

No hay duda de que Mancera coquetea con la posibilidad de una candidatura presidencial. Dije candidatura presidencial, no dije que buscara la presidencia de la República.

Como están las cosas, y a pesar de su errático actuar en la jefatura de Gobierno, a Mancera sí le alcanza hoy para aspirar a convertirse en una especie de Bernardo de la Garza versión 2018.

Dicho en otras palabras, Mancera se apunta para estar en el arrancadero presidencial a sabiendas de que los momios no le favorecen, apostando a dos cosas: a un golpe de suerte (no descartable en política) que lo haga candidato o, más probable, a estar en posición de vender los 'votos' que dicen las encuestas que el capitalino cosecharía.

En eso Mancera emularía a Bernardo de la Garza, cuyo partido –el PVEM– vendió los 'votos' del aspirante verde a Roberto Madrazo rumbo a la elección de 2006. Tras ello, De la Garza se pasó un par de años en el limbo, del cual fue 'rescatado' por Calderón, que lo hizo titular de la Conade.

A diferencia de De la Garza, Mancera estaría en mejor posición para negociar su declinación.

Dada la crisis del tripartidismo, las preferencias que aún tiene Mancera posibilitan un escenario donde, tras ceder su apoyo, pudiera seguir figurando, ya sea como parte de una plataforma de independientes o sumándose al proyecto de un candidato partidista.

Así que el juego de posibilidades para el actual jefe de Gobierno luce amplio, tanto que en una de esas el PRD se vería obligado a rogarle que sea su candidato.

Porque a 24 meses de la elección de 2018, el escenario no podría ser peor para los perredistas: el cartel estelar de esa cita no los tiene como protagonistas como partido; y salvo que Mancera (que ya quedamos que no es perredista) acepte ser su candidato, no tienen a nadie que destaque en las encuestas.

Momento clave para el PRD, partido del que hasta Mancera se ha sabido aprovechar. Tanto, que en la semana misma del aniversario de los amarillos el jefe de Gobierno se da el lujo de posicionar en los medios una foto que implica un mensaje: brillante más hoy él, que el partido que lo llevó al poder.

Twitter: @SalCamarena

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