Opinión

Posible tormenta,
¿listo, capitán Peña?

Las dotes oratorias de José López Portillo fueron siempre muy superiores a las que tuvo como gobernante. Una de sus muchas frases memorables, en medio de una economía que se colapsaba, fue “soy responsable del timón pero no de la tormenta”. Lo retrató de cuerpo entero: un timonel con la vista fija en el puerto del elevado crecimiento económico. Era en realidad el capitán que debió reducir la velocidad del barco, recortar velas y tener listo el lastre para movimientos bruscos de la nave. En lugar de eso mantuvo calderas y velas al máximo posible, alimentadas con deuda, déficit e inflación. Así, a toda velocidad, estrelló la economía nacional contra las rocas.

Hoy hay barruntos de tormenta. La economía global enfrentará pronto el fin de la compra de activos de la Reserva Federal, y además la venta paulatina de lo acumulado. Imposible saber, por otra parte, cómo evolucionará el precio del petróleo, pero las señales no son optimistas. La Ley de Ingresos aprobada ayer por los diputados avaló la baja en el precio esperado a 79 dólares, tres menos que la propuesta original. Tampoco es posible determinar cuánto afectará ese precio de hoy las inversiones que se esperaban a partir de 2015. Serán inversiones de largo plazo, por supuesto, pero el precio actual no es precisamente un aliciente.

Por otra parte, el rechazo de la Suprema Corte a las pretensiones del PRD y de Morena de realizar una consulta popular en torno a la reforma energética pudo tener un sólido sustento legal, y dará más certidumbre a la apertura del sector. Sin embargo, proporciona leña que perredistas y morenistas (sobre todo los segundos) están listos para agregar a un muy caldeado ambiente social.

Lo que por supuesto se liga con Ayotzinapa. Sus consecuencias económicas (aparte del aterrador aspecto humano) son otra interrogante que representa una nube más en el horizonte. La fachada de un país que estaba superando, poco a poco, los problemas de inseguridad quedó destrozada. Obviamente un inversionista extranjero de buen calibre sabía lo que estaba tras esa apariencia (como tantos mexicanos que enfrentan día con día muerte, secuestro y extorsión), pero lo indudable es que Ayotzinapa no tiene nada de positivo y sí mucho de negativo.

Y ante todo esto el margen de maniobra fiscal gubernamental es estrecho, puesto que ya se tiene un déficit significativo. Existe la posibilidad de subirlo todavía más, quizá a niveles cercanos o superiores a 4.0 por ciento del PIB, pero tendría que ser claramente temporal, para después presentar una evidente tendencia a la baja. El problema es que eso se prometió que ocurriría a partir de 2014, después a partir de 2015, y ahora no se sabe. La credibilidad de los mercados en la estrategia fiscal puede, por ello, erosionarse. Un escenario apocalíptico como el ocurrido a mediados de 2009 es remoto hoy, pero no puede ni debe descartarse para mañana.

Un buen capitán debe tener listo el barco ante todos los escenarios, particularmente los más extremos. ¿Lo es y lo está?

Twitter: @econokafka