Opinión

¿Por qué se deprecia el peso?

 
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Peso (Bloomberg)

El peso le quita el sueño a muchos. Los críticos inmisericordes culpan al PRI, o a Peña Nieto. Siento decepcionarlos. El peso es una de las monedas de mercados emergentes que mejor comportamiento ha mostrado ante el alza del dólar contra todas las monedas.

Esto se debe, en orden, a que con precios de las materias primas en caída libre, nosotros exportamos manufacturas (71.3 por ciento de nuestras exportaciones, a fines de 2013). Entre países grandes de la región, el segundo lugar lo ocupa Brasil (30 por ciento). Sólo 11 por ciento de las exportaciones de Chile son manufacturas. Segundo, de las exportaciones totales de México, sólo 1.7 por ciento va a China, van allá 23.6 por ciento de las chilenas y 17.8 por ciento de las brasileñas.

Tercero, México tiene 172 mil millones de dólares de reservas, y líneas de crédito por 70 mil millones más. El manejo de política monetaria de Banco de México ha sido sólido. Recordemos que Macri, flamante presidente argentino, encontró sólo dos mil millones de dólares en las arcas del Banco Central, saqueado por la administración de Kirchner.

¿Entonces por qué se “devalúa” el peso? Hay razones que tienen que ver con México, y otras francamente exógenas. Empecemos por estas últimas. El flujo de inversiones que salió de economías desarrolladas a mercados emergentes creció de 240 mil millones de dólares al año en 2002, a 1.1 billones en 2014. Después de la crisis de deuda que golpeó a las primeras en 2008, su crecimiento económico se detuvo, mientras sus bancos reparaban balances y se lamían las heridas.

Mientras tanto, China abrió la llave al endeudamiento y al otorgamiento de crédito en una magnitud jamás vista. Incrementaron irresponsablemente sus niveles de inversión con el objetivo de seguir creciendo, y se endeudaron para pagarla, Cuadruplicaron su deuda de siete billones de dólares a 28, entre 2007 y 2015. Las economías emergentes productoras de materias primas se volcaron a proveérselas, creando capacidad creciente, también endeudándose. La deuda de economías emergentes pasó de 1.7 billones de dólares en 2008 a 4.3 billones en 2015.

El primer problema para nuestras monedas proviene de que ese flujo se detuvo y revirtió en 2015, por primera vez en 30 años, regresó un billón de dólares. Aún cuando mucha inversión salió de otras economías emergentes para reasignarse a México, no ha sido suficiente para compensar por la salida total de recursos de “mercados emergentes”, como clase de activo.

En esos años, México no creció como Brasil o Chile al no participar en la bonanza de materias primas, pero por eso hoy está en una situación radicalmente diferente. Las grandes empresas productoras de materias primas brasileñas tomaron carretadas de deuda en dólares, para tener mayor capacidad para producir y venderle a China; ahora se encuentran con un dólar mucho más caro (desde principios de 2015, la devaluación del real ha sido 85 por ciento mayor a la del peso). La pésima noticia es que esos países se endeudaron preparándose para venderle a una China que ya no existe.

Pero, México sí genera duda entre inversionistas extranjeros. En lo económico, preocupa que el endeudamiento/PIB haya crecido en 10.15 puntos porcentuales este sexenio, alcanzando 44.9 por ciento. No toda deuda es mala. Veámoslo en una familia. Si ésta se endeuda para hacerse de un negocio rentable, el flujo de éste hará posible pagar la deuda sin problema, y el ingreso neto de la familia aumentará. El problema estaría en meterle a las tarjetas de crédito para fiestas o viajes. El costo de esa deuda le restaría al ingreso neto de la familia por años. Esto es lo que ha hecho México, se ha endeudado para gasto corriente. En vez de ajustarse el cinturón y eliminar gasto superfluo, han reducido el gasto en inversión a niveles preocupantes: 3.1 por ciento del PIB (lo razonable sería, cuando menos, 5.0 por ciento).

Esto lleva a la segunda preocupación, la fiscal. La caída en el precio de la mezcla mexicana ha reducido los ingresos del gobierno, que financiaba 35 por ciento del gasto con éste, y ahora podrá financiar 12 por ciento; ese es un excelente motivo para una reforma fiscal profunda en un país que debería beneficiarse de los mínimos precios del petróleo, siendo ya importadores netos, pero cuyas finanzas públicas permanecen torpemente petrolizadas.

Pero, sobre todo, está la corrupción. Nada desacredita más a México. Nada genera más duda, incluso entre quienes hemos sido necios creyentes. Los eventos alrededor del Chapo y Moreira dejan claro que a este gobierno no le interesa combatir la corrupción. A la 'casa blanca' y Malinalco se suman la evidente complicidad en la fuga del narcotraficante, y el hecho de que su poderosísima red se mantiene intacta. El arresto de Moreira demuestra que es posible poner tras las rejas a políticos evidentemente corruptos que tanto dañaron a las entidades que gobernaron.

Si este gobierno tomara ese toro por los cuernos, les sorprendería cuánto flujo de inversión internacional llegaría. Nunca sabremos la respuesta.

Twitter: @jorgesuarezv

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