Opinión

¿Por qué S&P ve mejor perspectiva?

 
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S&P. (Especial)

La calificadora S&P, una de las más importantes del mundo, ayer por la tarde mejoró la perspectiva de la deuda de largo plazo del gobierno mexicano, al pasarla de negativa a estable.

En términos muy coloquiales, nos quitó la tarjeta amarilla que teníamos.
Con ello, la cotización del peso frente al dólar se ubicó en niveles de hasta 17.45 pesos en la noche de ayer y hoy se anticipa que pudiera ubicarse hasta en 17.30 pesos.

Le cuento brevemente la historia.

El 23 de agosto de 2016, S&P bajó la perspectiva de la deuda mexicana, al pasarla de estable a negativa.

Esta revisión implicaba que había desconfianza en la capacidad del gobierno para hacerte frente a un entorno muy complicado y se pensaba que la deuda se iba a ir para arriba peligrosamente.

A casi 11 meses de esa revisión, ayer la calificadora se movió en sentido opuesto.

Dice S&P: “Consideramos que la rápida reacción de las autoridades gubernamentales mexicanas a los recientes shocks negativos disminuirá el reciente ritmo acelerado de acumulación de la deuda y ayudará a estabilizar la deuda del gobierno”.

Hasta hace pocos meses, algunos expertos consideraban que no sólo era improbable que mejorara la perspectiva, sino que incluso veían como algo inevitable que bajara la calificación de los pasivos del gobierno. Es decir, que acumuláramos como país dos tarjetas amarillas y no sacaran la tarjeta roja.

La revisión al alza de la perspectiva de la deuda que hizo ayer la calificadora plantea una expectativa optimista.

Dice su comunicación: “Esperamos una amplia continuidad de la política económica tras las elecciones que se llevarán a cabo en 2018, además de la continuidad en la implementación de las reformas económicas recientes”.

Más allá de quién triunfe en las elecciones presidenciales, la evaluación de S&P es que el Congreso se mantenga dividido y como tal, se asegure la persistencia del marco legal que instruye la existencia de déficit fiscales moderados y la independencia del Banco Central. Además, consideran que se mantendrá la actividad privada en el sector de la energía.

La revisión a la baja de la perspectiva, realizada en agosto de 2016, fue el anticipo del deterioro que tuvieron las finanzas mexicanas en los siguientes meses, tras el triunfo de Trump en las elecciones de Estados Unidos.

Hoy, la revisión alcista se inscribe en una mejoría sensible de las perspectivas, cuya expresión más concreta es la paridad, cuyos niveles actuales no los esperaban ni los más optimistas y en el futuro podrían implicar aún un peso más fuerte.

Para lograr lo anterior no sólo hubo suerte en la manera en que se configuró el entorno internacional, sino un manejo disciplinado de las finanzas públicas, especialmente en el caso de Pemex, que quizás era la mayor preocupación de las calificadoras y donde había más dudas.

Será interesante ver si Moody’s, que había puesto en perspectiva negativa a la deuda mexicana desde el 31 de marzo de 2016, también la ajusta al alza.

Más allá de lo que este hecho represente para el gobierno, se trata de una buena noticia para quienes tienen deudas, pues también se creará un ambiente más favorable para que las tasas de interés ya no sigan subiendo en México y eventualmente tengamos una mayor actividad económica.

Twitter: @E_Q_

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