Opinión

¿Por qué O.J. Simpson aún importa?

 
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Cine.

Es natural, incluso saludable, que en 2016 se hayan estrenado dos programas sobre O.J. Simpson: primero una miniserie, protagonizada por John Travolta y Cuba Gooding Jr., y después un documental, dividido en cinco capítulos, dirigido por Ezra Edelman para ESPN. Tras las protestas por el racismo de la policía a lo largo del país, la elección de un candidato nativista como Donald Trump y con el final de la presidencia de Barack Obama a la vuelta de la esquina, Estados Unidos se encuentra en el momento ideal para reexaminar un crimen que expuso las tensiones raciales que aún lo desgarran. Como explica una periodista durante O.J.: Made in America, el documental de Edelman: “hablamos de O.J. como si él fuera el centro de la historia, cuando el centro de la historia es O.J. y nosotros”.

El reto de Edelman es convencer al espectador de que el crimen de Simpson fue más que una injusticia televisada, un carnaval mediático o la semilla de los reality shows que ahora consumimos. Para entender la fascinación absoluta del público, el interés de los medios y el extraño veredicto de inocencia, es necesario conocer la carrera de Simpson y contextualizarla en su época. Mientras Muhammad Ali se rehusaba a enlistarse para ir a Vietnam, Tommie Smith y John Carlos alzaban el puño en los Juegos Olímpicos de 1968 y Los Ángeles vivía asolada por la inequidad y el racismo, Orenthal James Simpson rompía récords en el futbol universitario, cómodamente instalado en un sector blanco de la sociedad, negándose a formar parte de la causa de Ali, Smith, Carlos y otros atletas de raza negra.

Edelman rescata entrevistas y testimonios que dejan en claro la postura de Simpson. O.J. no pensaba en términos raciales. O bien: se negaba a hacerlo. Su meta era olvidar de dónde había venido y, a través de la fama, migrar al universo blanco y rico de California. Eventualmente lo lograría, dejando a su primera esposa para contraer matrimonio con una rubia y mudándose a una mansión en Brentwood, un barrio de Los Ángeles tan blanco como una hoja de papel. Al volverse un criminal, sus aspiraciones de inclusión se evaporaron. Si quería salir indemne, el color de su piel lo obligaría a elegir un bando.

O.J.: Made in America
Año: 2016
Director: Ezra Edelman
País: Estados Unidos
Productores: Caroline Waterlow, Ezra Edelman, Tamara Rosenberg, Nina Krstic, Deirdre Fenton y Erin Leyden
Duración: 464 minutos

En 1994, cuando Simpson asesinó a Nicole, su ex mujer, y a Ronald Goldman, Los Ángeles se lamía las heridas de la golpiza impune que la policía le propinó a Rodney King y los disturbios que le siguieron. La defensa de Simpson encauzó el procedimiento al ámbito racial, aun cuando O.J. le había dado la espalda a su comunidad. Ayudados por un jurado mayormente afroamericano, el Dream Team, con Johnnie Cochran a la cabeza, consiguió una de cal por tantas de arena: para desilusión de los blancos y júbilo de los negros, Simpson salió libre. En manos de Edelman, el juicio queda como una prueba de contraste, revelando el abismo que separa a dos franjas de un país, mismas que en 2016 están destinadas a enfrentarse en la boleta electoral.

Ominoso, triste y envolvente (sus más de siete horas de duración vuelan), O.J.: Made in America es pieza clave para entender los recodos más oscuros del alma estadounidense: el racismo, la ineficacia policial y, por supuesto, el opio de la fama. A partir de un juicio sesgado, Edelman crea una obra maestra de objetividad, donde el derrumbe de Simpson propicia el declive –moral, vital, laboral– de todos los que lo rodean, sin importar su raza. O.J.: Made in America, en efecto, no es la tragedia de un solo hombre, trastornado por los celos y su propia nebulosa identidad. Es la tragedia de un país entero.

Twitter:@dkrauze156

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