Opinión

¿Por qué Nuevo Laredo no?

Los números de la aduana de Nuevo Laredo van más allá de la imaginación. El año pasado registró más de 10 millones de operaciones de importación y exportación con un valor aduanero superior a los dos billones de pesos. Es la aduana más importante de América Latina, y la de mayor actividad de las 21 que hay en México –19 de ellas en la frontera norte–, que aportan el 23% del PIB y es la número uno del país en recaudación del IVA. Por la de Nuevo Laredo entra el 38.30% de los productos que se consumen en México, y sale el 38.70% de lo que se destina para el mercado norteamericano, en 17 mil contenedores que cruzan diariamente esa congestionada frontera.

Es la aduana del Tratado de Libre Comercio, que conecta la Carretera Panamericana con la I-35, la supercarretera interestatal estadounidense por la que se distribuyen, partiendo por la mitad a Estados Unidos, todos los productos del comercio norteamericano hasta llegar a Duluth, Minnesota, en el Lago Superior, en donde se embarca la mercancía para el mercado canadiense. La aduana de Nuevo Laredo y la I-35 han sido un botín estratégico de los cárteles mexicanos desde 2005, principalmente de Los Zetas, uno de cuyos jefes, Miguel Ángel Morales Treviño, apodado El Z-40, preso desde el año pasado, manejaba desde ahí parte de la organización criminal, que le dejaba una utilidad mensual de poco más de cuatro millones de dólares.

La aduana de Nuevo Laredo era el primer punto de entrada de Los Zetas para Estados Unidos, por donde introducían su droga o cobraban a otras organizaciones criminales el derecho de piso. Los cruces eran altamente redituables, al sólo existir la capacidad de las autoridades para registrar el 0.01% de los contenedores que pasan por ahí. La plaza de Nuevo Laredo estuvo convulsionada hasta hace unos años. Primero por la ruptura formal en 2008 de Los Zetas con quienes eran sus patrones en el Cártel del Golfo, y luego porque fueron derrotados por el Cártel del Pacífico que manejan los sinaloenses Ismael El Mayo Zambada, José El Azul Esparragoza, y hasta su detención, Joaquín El Chapo Guzmán. Pero caliente o fría, esa aduana y Nuevo Laredo en general, son parte del arquetipo de ciudades controladas por la delincuencia organizada.

Por la importancia estratégica de Nuevo Laredo como bisagra del comercio norteamericano, es sorprendente que haya quedado excluida de la nueva estrategia del gobierno federal para Tamaulipas. El secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, no ha explicado porqué Nuevo Laredo fue eliminado del plan federal. Ese puente fronterizo define el carácter transfronterizo de los cárteles, que en el caso de los tamaulipecos han venido nutriendo últimamente sus legiones de sicarios con exprisioneros en cárceles texanas, lo que añade un ingrediente más de extrañeza al haberse eliminado, igualmente, un diseño regional para combatir a los cárteles.

Las inclusiones y exclusiones hablan más de la estrategia para Tamaulipas que el propio discurso del secretario. Hace tiempo que el principal negocio de los cárteles en el estado no es el narcotráfico, y la violencia principal no es por la droga, sino por el control del negocio más redituable hoy en día, el cobro de un impuesto a los contratistas de Pemex para que los dejen trabajar, y el robo de gasolina y diesel de los ductos de la paraestatal, que creció 69% el año pasado en todo el país y representó una pérdida económica superior a los 10 mil millones de pesos. En términos de barriles petrolíferos, los cárteles colocaron en el mercado negro –en venta directa en gasolineras clandestinas, venta obligada a gasolineros mexicanos, o a empresas texanas–, cuatro millones de barriles de energéticos. La droga, para las organizaciones tamaulipecas es secundaria.

La estrategia anunciada por Osorio Chong no permite alcanzar a ver qué es lo que piensa el gobierno federal para enfrentar ese negocio y genera suspicacias sobre el porqué no abarca a zonas críticas del narcotráfico. Por ejemplo, si en su discurso dijo que combatirían al narco, las armas, las drogas y el dinero, ¿por qué no incluyó a Nuevo Laredo donde existen esas cuatro variables? La pregunta debe responderse, porque la estrategia planteada por el secretario de Gobernación está dirigida únicamente, según se desprende de su discurso, contra los cárteles tamaulipecos, pero deja intacta la operación de la organización más grande y sofisticada del país, la del Pacífico, que no tendría, objetivamente hablando, que haber sido olvidada o perdonada en la estrategia para restablecer la paz en Tamaulipas.