Opinión

¿Por qué no ha habido traspaso del tipo de cambio a la inflación?

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El peso se depreció 12.3 por ciento de mayo a diciembre de 2014, y en lo que va del año lleva 11.4 por ciento. Es decir, desde que inició el episodio más reciente de muy alta volatilidad (en mayo del año pasado) a la fecha, nuestra moneda ha perdido 25.1 por ciento de su valor frente al dólar de Estados Unidos. No obstante lo anterior, la inflación se encuentra en el nivel más bajo de la historia reciente, en 2.74 por ciento (historia reciente porque en México la inflación a nivel nacional se mide desde 1969). ¿Cómo reconciliamos una fuerte, constante y ya duradera depreciación del peso con una inflación tan baja? Otra manera de formular la pregunta es: ¿por qué no se ha observado algún “traspaso” (passthrough en inglés) del tipo de cambio a la inflación? En mi opinión, esto ha ocurrido por cuatro factores:

(1) Características institucionales de nuestro país. Esta parte puede llegar a sonar algo “trillada”, pero no puedo dejar de enfatizar en que es el factor más importante. Hoy por hoy, México cuenta con una autoridad monetaria responsable, finanzas públicas sanas –en donde seguro hay áreas de oportunidad, pero se encuentran bien, máxime comparando con la mayoría de los países emergentes–, un sistema financiero fuerte y que no se encuentra sobre apalancado (o sobre endeudado) y se mantiene un régimen de tipo de cambio flexible. Esta combinación ha generado un círculo virtuoso para la estabilidad de nuestro país, con una actuación muy acertada de la Comisión de Cambios (para más detalles ver columna “¿Es acertada la forma en que ha actuado la Comisión de Cambios?”, del 8 de agosto).

Simplemente basta observar lo que se han depreciado otras divisas emergentes en este episodio de alta volatilidad. Por ejemplo, el real brasileño se ha depreciado cerca de 30 por ciento en lo que va del año, el peso colombiano 22 por ciento en el mismo periodo, la lira turca 20 por ciento y en contraste, el peso mexicano sólo 11.4 por ciento en ese periodo. Estas características institucionales permitieron que poco después de la crisis de 2008-2009 –en donde el peso mexicano alcanzó su mínimo histórico (hasta esa fecha) de 15.60 pesos por dólar–, el peso se apreciara 26 por ciento a 11.50 en abril de 2011. ¡Se apreció cuatro pesos! Asunto que hasta ese periodo no se había podido observar en México por las crisis recurrentes de los 70, 80 y 90. Asimismo, los factores institucionales han llevado a nuestra moneda a ser la más operada de todas las emergentes en el mundo, con un volumen promedio diario de 135 mil millones de dólares, por arriba del yuan de china y todas las demás emergentes, de acuerdo a la última encuesta del Banco Internacional de Pagos (BIS).

(2) Caída significativa de los precios internacionales de los commodities (mercancías genéricas, e.g. petróleo, acero, maíz). Este es un factor clave para explicar más la coyuntura respecto a la falta de traspaso de tipo de cambio a inflación. El precio internacional del acero, por ejemplo, lleva registrada una caída de poco más de 21 por ciento en lo que va del año. Entonces, ampliando el ejemplo, si un empresario importa acero como insumo para la fabricación de su producto, ahora le sale 21 por ciento más barato en dólares y al convertirlo a pesos, el puro efecto del tipo de cambio lo encarece sólo en 11.4 por ciento. Debido a esto, en el neto, el acero que hoy está importando el empresario le está costando cerca de 9.0 por ciento más barato que a finales del año pasado, por lo que por el lado de la oferta –particularmente cuando se trata de commodities–, no existen presiones reales para que se observe traspaso.

(3) El consumo se encuentra todavía en “fase de recuperación”. Las ventas al menudeo en México –de acuerdo al reporte de Inegi– han registrado un crecimiento de casi 5.0 por ciento de enero a mayo de este año. Este es un gran crecimiento si lo comparamos con el incipiente 1.8 por ciento que observó durante el mismo periodo de 2014. No hay duda de que el consumo se ha recuperado este año significativamente. Desafortunadamente, considero que éste todavía se encuentra en fase de recuperación, particularmente después de los débiles crecimientos reportados en 2013 y 2014. Debido a esto a los empresarios, particularmente de productos que tienen alta sensibilidad a cambios en el precio, les es difícil transferir mayores costos –particularmente de productos o insumos importados– a los consumidores.

(4) Características de la muestra del Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC). Los productos y servicios de muchas de las empresas en donde es evidente que ya han llevado a cabo “reetiquetado” de precios este año –autos de lujo, ropa de alta costura y diseño y joyería, por ejemplo–, no son representativas de la canasta del INPC.

El autor es economista en jefe de Grupo Financiero Banorte. Las opiniones que se expresan en el artículo no necesariamente coinciden con las del Grupo Financiero Banorte, por lo que son responsabilidad absoluta del autor.

Twitter: @G_Casillas

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