Opinión

Por qué no firmaré la iniciativa 3de3

 
1
 

 

Ley 3de3. (www.correosonorense.com)

No, no firmaré la iniciativa ciudadana conocida como “Ley 3de3”, que obligaría a los servidores públicos y a los políticos a hacer públicas sus declaraciones patrimonial y fiscal, así como su posible conflicto de intereses. Me parece perniciosa, malévola, antinatural. Y me parece penoso que un grupo nutrido de una élite de los llamados “intelectuales” la defienda como si fuera casi el último resquicio para que este país avance.

Hay un tufo maloliente de venganza en esta iniciativa. Nauseabundo. El hecho de obligar a los servidores públicos y políticos a desnudar su patrimonio frente a los demás, y catalogarlos maniqueamente entre los buenos y malos dependiendo de su propensión a adoptar este sistema de transparencia, es una revancha cavernícola que parece emerger de un profundo desamor, del prejuicio milenario que dicta que debemos desconfiar de todos porque todos, absolutamente todos, somos proclives a hacer trampa.

La Ley 3de3 es la claudicación de la creatividad intelectual frente a la moral y a las buenas costumbres. Es lo “mejor” que pudieron inventar nuestros “intelectuales” porque nadie ha logrado crear un sistema de valores y principios compartidos bajo los cuales los ciudadanos de este país se inspiren para actuar.

De tal suerte, y como tampoco podemos castigar ni corregir el comportamiento de los pocos que se pasan de listos, entonces inventaremos un sistema de monitoreo 24/7 en el que cualquier funcionario debe explicar el origen del auto que se compró o del departamento que habita.

La Ley 3de3 es un sinsentido antinatural. Dice que busca reconstruir la confianza haciendo que funcionarios y políticos “antepongan los intereses de México a los suyos.” ¿Alguien explicó a sus creadores que esto es imposible? ¿Quién, en su sano juicio, pondría en primer plano a la colectividad y en segundo plano su bienestar individual, su salud, su patrimonio familiar o su estabilidad y seguridad personal? Suena muy romántico decir que es por México, pero es un sinsentido.

Ya quisiera mirar a esos intelectuales viviendo hoy, por ejemplo, en Venezuela, y teniendo que hacer filas de 12 horas para comprar leche; o peleando a puñetazos en la calle para tener un pedazo de pan para sus hijos. En ese momento se les desmoronaría el romanticismo colectivo.

En La Virtud del Egoísmo, Ayn Rand clarifica estos puntos: “La ética del altruismo ha creado (…) la imagen del bruto para lograr que los seres humanos acepten dos dogmas inhumanos: a) que ocuparse del interés personal es malo, sea cual fuere tal interés; y b) que las actividades de ese bruto son, de hecho, de interés personal (al cual debe el hombre renunciar, como le ordena el altruismo, en favor de su vecino)”.

Twitter: @SOYCarlosMota

Correo: motacarlos100@gmail.com

También te puede interesar:
Catástrofe turística en puerta ante el letargo de Sectur y CNET
EU desata euforia por energía renovable
El Papa no es la mano invisible de la que habló Adam Smith