Opinión

¿Por qué no crecemos?

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Industria automotriz

Ya conoce usted los datos de crecimiento de la economía, que se publicaron el viernes, y que no requieren repetición. Lo que sí exigen es una explicación. Aunque es muy claro el comportamiento de los últimos tres años, en forma de U, cayendo continuamente desde inicios de 2012 hasta el fin de 2013 y con recuperación lenta durante todo el año pasado, lo que todavía no creo que estemos entendiendo es qué puede hacerse para cambiar el comportamiento de esta economía.

Permítame unas referencias. El crecimiento promedio de la economía desde 1993 es de 2.5 por ciento cada año. Si el cálculo lo hacemos desde 2000, es de apenas 2.1 por ciento, lo mismo que se reportó para 2014. Y si calculamos a partir de 2009, cuando la crisis global nos arrastró, el crecimiento promedia 3.3 por ciento anual. En otras palabras, no es un asunto de los últimos dos años, sino un comportamiento de, al menos, mediano plazo. De hecho, si ampliamos la perspectiva, encontraremos que el crecimiento promedio de la economía, de 1940 a la fecha, es precisamente de 2 por ciento anual, sólo superado durante el periodo en el que nos endeudábamos (cuando pagamos, regresamos al promedio).

En los últimos 21 años, las actividades económicas que han sido más exitosas son: información en medios masivos (que incluye telecomunicaciones), fabricación de equipo de transporte (especialmente autos y ahora aviones), servicios financieros, comercio, electricidad y fabricación de maquinaria y transporte. En promedio, han crecido más de 5 por ciento anual durante esas dos décadas, que no es poca cosa. Entre las seis representan ya 30 por ciento del PIB. El rango va de 3 por ciento anual en maquinaria a 8 por ciento en información. Bueno, de todas ellas, sólo la fabricación de equipo de transporte tuvo buen desempeño en 2014, creciendo más de 11 por ciento. Las otras cinco promediaron 1 por ciento.

A cambio, hubo actividades que no crecían tanto, y ahora tuvieron un gran desempeño: metálica básica, productos metálicos, otras manufacturas, fabricación de equipo eléctrico, de equipo de cómputo, de textiles para industria, corporativos, plástico y hule, y bebidas y tabaco. Son muchas, pero apenas suman 5.5 por ciento del PIB, por lo que aunque crecieron 6.6 por ciento en promedio, no aportan tanto al total. Otra actividad que tuvo un comportamiento interesante es turismo, que crece más de 3 por ciento, que no parece mucho, pero considerando que el promedio de los 21 años apenas es de 0.6 por ciento, la perspectiva cambia.

Lo que sí está feo es lo que ocurre con textiles (prendas de vestir, insumos, cuero y piel) y con derivados de petróleo. Las primeras tres son las únicas con comportamiento negativo por los 21 años, y aunque la última no llega a tanto, tuvo el peor desempeño de 2014.

Para cerrar el panorama general, le comento que hay ocho actividades que aportan la mitad del PIB pero casi el 80 por ciento del empleo: agricultura, comercio, construcción, apoyo a negocios, otros servicios (estos dos son limpieza), gobierno, educación y transporte. Por su importancia en empleo, son también las que más informalidad tienen. Salvo comercio, que no le va mal, las demás apenas crecen. El promedio de las otras siete fue de 1.7 por ciento en este año que termina. Las otras dos que pueden crecer, y parecen ya estar en camino de lograrlo, son construcción y transporte.

Pues ahí tiene: las exitosas, las que prometen, las tragedias, y las que son tan grandes que actúan como lastre (pero podrían convertirse en avalancha). Para que no se le complique imaginar cómo vamos.

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