Opinión

¿Por qué México no se ‘mueve’ a la velocidad deseada?

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México llega a la mitad del sexenio del presidente Enrique Peña con avances en el proceso de instrumentación de las reformas en sectores clave de la economía.

Pero también llega con rezagos económicos y sociales, en buena medida por el débil crecimiento y las restricciones presupuestarias del gobierno.

Además, el país se enfrenta a los desafíos que presenta hacia adelante el escenario internacional por la volatilidad en los mercados financieros y la baja en los precios del petróleo.

Uno de los mayores avances en la economía son los bajos niveles de inflación, que se mantiene en mínimos históricos y al cierre del año se ubicará por debajo de la meta de 3.0 por ciento del Banco de México.
El riesgo es que la depreciación del peso ante el dólar se traspase a los precios y contamine las expectativas de inflación.

Otros de los progresos son la reducción de la tasa de desempleo y el crecimiento del empleo formal por arriba de la actividad económica.
Sin embargo, persisten elevados niveles de subocupación e informalidad laboral, si bien ésta ha venido disminuyendo.

Un avance más es la salud que mantiene el sistema bancario mexicano, que en la coyuntura actual se convierte en un factor de fortaleza económica.

El principal rezago es el decepcionante crecimiento de la economía, que mantiene una trayectoria inercial y está lejos de alcanzar un ritmo superior a 3.0 por ciento.

El débil crecimiento económico y el efecto de la reforma fiscal que entró en vigor en 2014 propiciaron una pérdida de ingresos de los mexicanos, así como un incremento de la pobreza en los últimos dos años.

La combinación implica que México mantiene una alta desigualdad económica y concentración del ingreso, que impiden avanzar en la lucha contra la pobreza.

La desigualdad es uno de los frenos por los que “México aún no se está moviendo a la velocidad que todos queremos”, junto con la corrupción y la complicada situación económica mundial, según Peña.

La corrupción y la impunidad son dos de las causas del pobre desempeño económico del país.

Una investigación reciente del Imco y del CIDE concluyó que México es percibido como el más corrupto de los países miembros de la OCDE.

La inseguridad es otro de los frenos del crecimiento, pese a que para los analistas del sector privado ya no es el factor de mayor
preocupación, que ahora es la inestabilidad financiera internacional.

El problema de inseguridad en el país tuvo su mayor crisis el pasado 11 de julio con la fuga de Joaquín El Chapo Guzmán del penal de El Altiplano.

La fuga probablemente tendrá repercusiones en la clasificación global de competitividad para el crecimiento por el rezago de México en el rubro de crimen organizado.

El balance de la primera mitad del gobierno de Peña es de claroscuros, aunque se cree que en el segundo tramo los beneficios esperados de las reformas serán más palpables.

Twitter: @VictorPiz

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vpiz@elfinanciero.com.mx

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