Opinión

Por qué fracasaría el proyecto económico
de Trump

 
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Por qué fracasaría el proyecto económico de Trump.

La llegada de Trump a la Casa Blanca, ¿es el acta de defunción de la globalización?, ¿es el comienzo de una nueva etapa de proteccionismo y cerrazón en las relaciones económicas y políticas del mundo?

De las respuestas a estas interrogantes dependen muchas de las estrategias que los países como México sigan en el entorno actual.

Si las respuestas fueran positivas, y se pensara que vamos a vivir lo que resta del siglo con la emergencia de nuevos nacionalismos y proteccionismos, entonces deberíamos tener una estrategia para adecuarnos a ese nuevo entorno.

Si no es así, las acciones a emprender son diferentes y pueden imaginar un mediano y largo plazos en los que la globalización vuelve a tomar impulso.

Más allá del Brexit, lo determinante de este proceso será el resultado de la estrategia económica emprendida por el gobierno de Trump.

Si ésta fracasa, probablemente los impulsos para frenar la globalización queden sólo como algo temporal.

Si se consolida, entonces quizá sí pueda convertirse en una tendencia con más fuerza que sea tomada por muchos otros países y dure mucho más tiempo.

¿De qué dependerá el éxito de la estrategia económica de Trump? De un milagro, porque tiene muchos elementos internos que la pueden hacer tropezar.

Si la estrategia de Trump para atraer nuevamente la manufactura a Estados Unidos (EU) tuviera éxito, habría una pérdida de competitividad de los productos norteamericanos, pues sale más caro producir en EU que en otros lugares, lo que reduciría su competitividad en el mercado internacional por sus mayores costos y repercutiría en mayores precios internos.

Para afrontar esta circunstancia, Trump tendría que cerrar más la economía de Estados Unidos, lo cual seguramente repercutiría en un menor crecimiento y en una pérdida de empleos.

Ante la mayor inflación, seguramente la Fed tendría que reaccionar incrementando el costo del dinero, con lo cual se atraerían fondos al mercado financiero estadounidense, lo que fortalecería al dólar y reduciría aún más la competitividad de los productos y servicios de Estados Unidos.

Si este proceso se diera en un lapso de cuatro años, lo más probable es que las opiniones del electorado norteamericano cambiaran radicalmente para las elecciones de 2020.

Más allá de especulaciones respecto a si termina su mandato o no, el escenario previsible es que haya un fracaso en su estrategia económica en el mediano plazo, a menos que dé un giro y no se obstine en el proteccionismo. Sin embargo, es probable que en el lapso más inmediato logre un resultado favorable en virtud de recortes de impuestos, desregulación y gasto en infraestructura.

Trump es producto de la crisis de 2008-09, que no termina, y que tiene expresiones políticas de las que él forma parte.

Sin embargo, a la vuelta de pocos años quedará de manifiesto que la salida a esa crisis no es cerrar las economías y las fronteras.

Serán necesarios nuevos paradigmas que reconozcan las virtudes de la globalización y la competencia, pero que, con mucho más énfasis que en el pasado, reconozcan la responsabilidad de los Estados en el diseño de políticas activas que permitan generalizar los beneficios de la globalización y eviten que se concentren en pocas manos.

Creo que lo más probable es que no presenciemos el fin de una era, sino un paréntesis que será costoso, pero que, como todos, tendrá un fin que no será muy distante.

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