Opinión

Por qué es importante mejorar el ánimo nacional

“No pienso en una visión cortoplacista”, dijo el presidente Enrique Peña, en entrevista con el diario El País.

Desde este espacio, le he comentado la necesidad de que el gobierno se concentre en los cambios institucionales que tendrán efectos precisamente en el largo plazo.

Sin embargo, el entorno inmediato se ha complicado más de lo previsto y si no se maneja adecuadamente, amenazará la permanencia de todo el proyecto reformista.

Me explico:

De acuerdo con diversas encuestas, la aceptación de la población con la forma en que se está conduciendo al país ha bajado drásticamente.

Por ejemplo, según Consulta Mitofsky cuando empezó esta administración, en noviembre de 2012, el 54 por ciento de los encuestados aprobaban la gestión de Peña, contra 34.5 por ciento que decían estar en desacuerdo.

La aceptación subió hasta 57.3 por ciento en mayo de 2013. Sin embargo, desde febrero de este año se invirtieron las tendencias y en la medición más reciente –mayo– sólo 48.7 por ciento está a favor, contra 49.9 por ciento en contra.

¿Por qué ese cambio?

Una parte es el desgaste natural de ejercer el gobierno. Muy pocos gobernantes mantienen la aprobación con la que llegan. Pero otra parte, ha derivado de la mala situación de la economía. De acuerdo con la encuesta referida, 59 por ciento de los entrevistados piensa que los principales problemas del país son económicos y sólo 37 por ciento considera que tienen que ver con la seguridad.

Si el desempeño económico de este año estuviera aún por debajo de las expectativas, ya ajustadas, probablemente el PRI podría sufrir un fuerte descalabro en las elecciones de 2015.

¿En qué sentido ese hecho podría afectar al proyecto reformista?

No en el corto plazo, pues con el peso que tienen en la Cámara de Senadores, los priistas podrían bloquear intentos de echar atrás las reformas que pudieran surgir de una nueva composición de la Cámara de Diputados a partir de 2015.

El problema va más allá. Si un desempeño económico mediocre prevaleciera en lo que se dan los efectos de las reformas, éstas podrían caer en el descrédito y cabría la posibilidad de que progresara una oferta electoral en 2018 que propusiera contrareformas.

La conexión entre el corto plazo y el proyecto reformista deriva del hecho de que si no se restablece la confianza en que el gobierno puede hacer bien las cosas, entonces la inversión seguiría débil y el consumo no despegaría. Es decir, el motor interno de la economía seguiría a medio gas.

En ese caso habría un lastre interno que afectaría al desempeño global de la economía, incluso si las exportaciones de manufacturas despegan junto con la recuperación de Estados Unidos.

La medida tomada la semana pasada por el Banco de México es positiva, como una señal de su compromiso para contribuir a un mayor crecimiento, pero también es preocupante porque algo vio el Banxico en el horizonte en las semanas recientes que lo llevó a tomar una decisión que incluso no corresponde en estricto sentido a su mandato.

Twitter: @E_Q_