Opinión

¿Por qué contra los estudiantes?

No hay evento anual más importante en México que la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. El día del arranque de esta fiesta de las letras es muy importante no sólo por cuestiones protocolarias, sino porque en esa fecha se consagra al literato que será homenajeado y al país invitado, este año Claudio Magris y Argentina. El premiado recibe su presea y da un discurso. La presencia de autoridades da solemnidad y formalidad a la ocasión. Salvo este año, fecha en que el gobernador de Jalisco no estuvo en el evento (el presidente Peña Nieto tampoco viene a la FIL, ya se sabe).

La ausencia de Aristóteles Sandoval se debió, ha trascendido, como una medida precautoria, pues operadores del gobernador temían un acto de provocación de un grupo que nadie ha dicho oficialmente quiénes lo componían o si siquiera existía. En la ceremonia no pasó nada. Una fuente bien informada detalló cómo todo estaba listo para que sí asistiera el mandatario y que su presencia se canceló en el último minuto. En cambio, consultado al respecto, un vocero del gobernador reconoce que durante la semana se evaluó la conveniencia o no de ir, pero que al final el mandatario no estuvo por un problema de salud en la espalda.

Al final de cuentas, lo que ciertamente sí ocurrió es que un gobernante pensó en rehuir una comparecencia ante jóvenes y estudiantes (que componen la mayoría de asistentes a la FIL). Esto se presta para reflexionar en torno a las relaciones entre los gobiernos y los jóvenes, cosa oportuna hoy que comienza el tercer año de gobierno de Enrique Peña Nieto, y de la que quizá se pueda extraer una propuesta para un cambio de ruta en la administración federal.

Hoy vemos en las calles y en las redes sociales de internet que los jóvenes y los estudiantes están en la vanguardia de las movilizaciones que han puesto al gobierno federal contra la pared. Los ecos de la terrible tragedia de Iguala no se han desvanecido, e incluso parecen crecer semana a semana, gracias a que jóvenes y/o estudiantes están en pie de protesta. ¿Y cómo han respondido los gobiernos? Cerrando cursos escolares antes de tiempo, tratando de impedir manifestaciones, violando la autonomía de la UNAM y, por increíble que resulte, encarcelando y deteniendo a estudiantes a los que luego hay que soltar en el, no por clásico menos insoportable, usted disculpe. Claro que esto último es un decir, porque ni el usted disculpe hemos escuchado.

Es increíble lo que sucedió con los ya famosos 11 detenidos tras la manifestación del 20 de noviembre. Como también inverosímil resulta lo que le ocurrió al estudiante de la UNAM Sandino Bucio, detenido por agentes federales con lujo de ilegalidad y brutalidad apenas unas horas después de que el presidente Peña Nieto prometiera hacer todo para reformar el sistema de justicia. Peor mentís, imposible.

En sus dos primeros años este gobierno no ha dialogado con los jóvenes. El tema del IPN parece la excepción que confirma la regla, pero podría ser también una tabla de salvación: si eso funciona, si el diálogo concluye productivamente, por qué no desde el gobierno replicar lo que han aprendido de ese diálogo para intentar una nueva política con respecto a los jóvenes y los estudiantes. En ello habría una esperanza; en desdeñar, rehuir o incriminar a los jóvenes y a los estudiantes, en cambio, hay un camino seguro al abismo.

Twitter: @SalCamarena