Opinión

Por nuestros hijos,
va la Ley 3de3

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ley 3de3. (tomada de ley3de3.mx/#firma)

Ratones locos, mapaches, operación tamal, urnas embarazadas, carro completo, casillas zapato, acarreo, caída del sistema, carrusel, colegio electoral... Durante demasiado tiempo, esos términos correspondieron a una folclórica y perniciosa tradición, eran señas de identidad de la enclenque vida democrática de México.

Por décadas, hubo elecciones en la forma pero no en el fondo. Y la gente, que reconocía la trampa electoral, puso sobrenombres a las variadas maneras en que operaba el fraude. Nombrar esas trapacerías no fue sólo útil como catarsis, visibilizarlas fue el inicio de su fin.

Dotar a México de elecciones donde las campañas y las votaciones estuvieran lejos de la sospecha del fraude tomó muchos años. Ese logro se debe a panistas que hoy no se sentirían representados por el PAN, a luchadores sociales de la izquierda, y a ciudadanos que ante las trampas del PRI se prohibieron la resignación.

Actualmente vemos con normalidad la realización de procesos electorales más o menos equitativos, y en muy rara ocasión no se tienen resultados veraces a las pocas horas del cierre de las casillas.

Sin embargo, es necesario recordarnos que hace apenas 30 años no era así. El actual sistema electoral tiene nuevos retos y requiere ajustes, pero es uno muy distinto al que posibilitó la irregular (por violenta, manoseada, desigual, sucia y finalmente “caída”) elección de 1988.

Con todo esto en mente nuestro país tiene una nueva tarea: es imperativo desmontar las prácticas de corrupción de la clase política; es preciso demostrar que así como el fraude electoral no era parte de la cultura del mexicano, también se puede tener funcionarios que a priori despejen la sombra de la corrupción.

Diversas organizaciones han decidido que existen al menos 120 mil mexicanos (un poco más que los que ocasionalmente llenan el estadio Azteca) dispuestos a una tarea mínima en contra de la corrupción.

Organizaciones que el año pasado impulsaron el movimiento 3de3 –que pretendía que los candidatos a puestos de elección popular publicaran su declaración patrimonial, de intereses y fiscal– hoy requieren 120 mil firmas para someter la iniciativa para una Ley General de Responsabilidades Administrativas, que con buen tino mercadológico promueven como la Iniciativa Ciudadana de Ley 3de3.

En el artículo 10 de esa propuesta de ley dice que todo funcionario público está obligado a “Presentar con oportunidad y veracidad las declaraciones de situación patrimonial, de intereses y de impuestos en los términos establecidos por las leyes. Las declaraciones a que se refiere esta fracción estarán disponibles al público…”.

Pero el espíritu de la ley va más allá de eso. En la exposición de motivos de la iniciativa, se plantea la condición que hará posible un antes y un después de nuestro país en cuanto a la corrupción: “Ningún Sistema Anticorrupción del mundo es capaz de identificar, por sí mismo, áreas de riesgo, redes o actos individuales de corrupción. Todos los sistemas eficaces del mundo tienen como plataforma esencial la colaboración de la sociedad en lo individual, y de la sociedad civil organizada en lo colectivo, para crear una gran contraloría social. Esta gran contraloría social es el elemento que permite hacer efectiva la rendición de cuentas constante y sistemática, que toda democracia exitosa necesita”.

Ya no basta con quejarse del 'moche', del 'cochinito', del ´'no me den, pónganme donde hay', del 'mister 10 por ciento', del 'vivir fuera del presupuesto es vivir en el error…'. Es hora de integrarse a esa contraloría social en contra de la corrupción. Por nuestros hijos, va la Ley 3de3.

Si desea más información, y firma, aquí los formatos. http://ley3de3.mx/#firma

Twitter: @SalCamarena

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