Opinión

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Joselito Adame

Gran fin de semana taurino se ha vivido en la República Mexicana, con emocionantes tardes en distintas plazas, como Aguascalientes, Puebla y Juriquilla. La fiesta de los toros vive un momento extraordinario en cuanto a la calidad de toreros que tenemos la oportunidad de disfrutar, lo bien montados que están muchos de los carteles que se ofrecen a los aficionados, y la llegada de muchos jóvenes que están descubriendo la emoción única de vivir una corrida de toros.

Aguascalientes —ya lo comentaba desde la semana pasada— ha montado una feria de máxima categoría y los resultados artísticos son muy buenos. La ciudad de la gente buena ha vivido tardes de emoción, arte y entrega. Ya daba yo cuenta de la extraordinaria cátedra que dio El Zotoluco el pasado 24 de abril en su despedida de Aguas. El Payo cuajó una faena de toreo puro, serio y profundo el viernes 29 de abril ante un buen toro de San Isidro. Diego Sánchez, con tan sólo un año de alternativa y menos de cinco corridas en su haber, cortó una oreja para alzar la mano y pedir hueco en todas las ferias.

Asimismo Gerardo Adame, que conquistó La Oreja de Oro con una gran faena ante un señor toro de la debutante ganadería del matador Enrique Fraga, quien puso el ejemplo de cómo presentar una corrida de toros dentro de una feria de máxima categoría —he ahí un hierro a tomar en cuenta para las mejores ferias del país—. El domingo 1 de mayo, Alejandro Talavante volvió a soñar el toreo ante un toro de Begoña; el extremeño reinventa la forma de lidiar toros, lo suyo es un coqueteo con la muerte en el que enamora y convence a los toros con sus formas, su ritmo y su personal manera de sentir e interpretar el toreo; los toros se ven embestir cómodos ante los vuelos atrayentes del capote y la muleta de este gran artista; la suavidad en sus maneras hace que el gran peligro que encarna el arte de torear se disimule y esconda ante la belleza estética de dos cuerpos fundidos en un pase y un sentimiento... Olé, maestro, olé.

Puebla está por cerrar un ciclo taurino pasado mañana, al celebrar la última corrida en la plaza de El Relicario con significativo mano a mano entre dos figuras mexicanas: El Zotoluco y Joselito Adame. Llegará el relevo de una plaza con historia, a un coso ya en construcción, moderno, funcional y de usos múltiples, como será El Coliseo de Puebla. Tauroarte ha hecho bien las cosas y ha montado un digno serial final al coso poblano, manteniendo viva la afición y dándole seriedad con el toro a los festejos, donde han triunfado Pablo Hermoso de Mendoza, Federico Pizarro y Arturo Saldívar, entre otros diestros.

Juriquilla es (en mi opinión) de las mejores plazas de toros del país, donde una corrida se entiende como una experiencia sensorial en todos los sentidos. La arquitectura de la plaza es bella, está impecablemente mantenida, el ruedo se encuentra en perfecto estado, no levanta polvo, los festejos son ágiles y montados con criterio de buenos aficionados. Se cuidan absolutamente todos los rasgos, a los toros se les baña antes de salir al ruedo, un gesto que podría parecer simple, pero que habla de la grandeza en la organización de los festejos. El toro luce hermoso, lustroso, con el pelo impecable, en un detalle de respeto hacia su esencia y bravura. Enhorabuena al querido Juan Arturo Torreslanda por encabezar un grupo de profesionales con amor a la fiesta brava. El sábado 30 de abril programó El Pollo un excelente cartel: Joselito Adame, El Payo y Andrés Roca Rey, ante seis toros de Fernando de la Mora. Como la lógica indica, lleno en los tendidos. Ambientazo, clima excelente y, como cereza del pastel, una banda que suena como ninguna para amenizar las faenas, un concierto de alto nivel que es un deleite para los sentidos.

Dentro de toda esta felicidad, surgió un tema que me preocupa; el primer toro, “Fandango”, tuvo grandes cualidades, embistió con mucha clase, tuvo nobleza y mucha fijeza, lo que en manos de una figura como Joselito resultó en una gran faena, una obra de arte con estructura, ritmo, toreo templado y cadencioso, un verdadero faenón que dejó ver lo buen torero que es el hidrocálido y la bravura del toro de De la Mora, bravura que muchos apreciaron y otros no supieron ver. No hay toro perfecto; este “abre plaza” en mi opinión fue un gran toro, digno del indulto o también digno de morir de un estoconazo y que Joselito paseara las orejas y el rabo tras la vuelta al ruedo al toro. Hubo polémica, y aquí el meollo del asunto. Ciertos aficionados, al no estar de acuerdo con el indulto, les dio por insultar a Joselito; escondidos en el anonimato, con gritos soeces, hicieron brillar su grado de aficionados chuflas. Al torero se le respeta, no hay opción; ¿no te gusta? Quédate en silencio, no saques tus complejos con aires de protagonismo absurdo. La fiesta vive un gran momento, aprécialo y sé dueño de tu propio criterio. Insultar, jamás.

La tarde fue muy buena, tanto Adame como El Payo y Roca Rey estuvieron cumbres, la espada evitó que la estadística mostrara, además del indulto, por lo menos cinco orejas para los toreros. 

Twitter: @rafaelcue

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