Opinión

Populismo fiscal en el Congreso de Nuevo León

 
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Congreso NL. (Cuartoscuro)

En mi anterior colaboración mencionaba que no entendía las actitudes de algunos gobernadores, que por un lado cumplían compromisos de campaña quitando impuestos y después “gestionaban” recursos adicionales ante el gobierno federal para compensarlos. Mencioné entre otros, el caso del gobernador de Nuevo León, que ofreció en campaña eliminar el impuesto, pero no en este momento, tiene seis años por delante, para limpiar la casa, mejorar su recaudación, sanear los pasivos contingentes y aún así habría que ver. Pero se adelantó el Congreso.

Prometer quitar la tenencia o depredar su base se volvió deporte nacional, como antes era no establecer el impuesto sobre nóminas, lo que daba buen material para discursos, pero nada de recaudación, pensando que eso gana votos –seguro así es– pero después complica la gobernabilidad y hace a los estados más dependientes y más vulnerables ante el centralismo fiscal.

En Veracruz, por 2010, se decidió no legislar sobre tenencia, pero el Congreso después lo hizo, “dada la crisis económica internacional”.

Buena o mala, la decisión de Calderón fue una facultad adicional para los estados, con potencial recaudatorio importante, y si no la aprovechan es realmente absurdo. Si queremos más gasto del gobierno, tenemos que tener más ingresos derivados del esfuerzo recaudatorio, con una mejor administración tributaria, como ha hecho el SAT.

Esta semana se publicó que el gobernador de Nuevo León hace una consulta ciudadana en Facebook, respecto a vetar decisiones del Congreso del estado, que afectarían las de por sí dañadas finanzas públicas estatales, no sólo por el elevado servicio de la deuda pública heredada, casi igual a la del Distrito Federal, sólo que con un PIB 60 por ciento menor al de la capital del país y lejos de recaudar la mitad de sus ingresos totales, menos si quitan la tenencia, que hoy da cerca de 2 mil 500 millones de pesos, alrededor de 15 mil millones en seis años.

En el caso de Nuevo León, casi todos sus ingresos propios están comprometidos como garantía, les dejaron pasivos contingentes elevados, esto es deuda de corto plazo, principalmente con proveedores locales, en educación heredan un gran déficit que les dejó el FAEB, no tan alto como el de Guerrero o Oaxaca, pero sí con peso presupuestal. Este déficit es producto de un incumplimiento federal del ANMEB y de la Ley de Coordinación Fiscal, de compromisos no honrados en su oportunidad y una instrumentación dolosa de la fórmula de distribución de los recursos de educación básica, hoy tema superado con el FONE, pero el déficit de los estados queda y si no se resuelve pega a la hacienda local.

El Congreso de Nuevo León aprobó eliminar gradualmente la tenencia, en un plazo de tres años (40,30,20 por ciento); incrementar el porcentaje participable a los municipios del Fondo General de Participaciones, que la Ley de Coordinación Fiscal dice que debe ser por lo menos del 20 por ciento; pues bien, el Congreso de ese estado, donde no existen diputados afines el gobernador, decidió un incremento también gradual de tres años (punto por año). La suma cero hace que si alguien gana, otro pierde.

De acuerdo al tesorero general del estado, Carlos Garza Ibarra, se estima así una pérdida acumulada en tres años de 8 mil millones de pesos para la hacienda estatal, que necesita para cerrar el año, más de cuatro mil millones.

Cierto, hay otros estados desesperados como Guerrero, cuyos pasivos ha dicho el nuevo gobernador ascienden a 18 mil millones de pesos, lo que menos pesa es la deuda registrada, y no tienen recursos suficientes para los compromisos de fin de año, por lo que sus proveedores sufrirán o quebrarán.

Conclusión, no es el momento de eliminar impuestos y menos por razones políticas. Seguro habrá veto en Nuevo León.

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