Opinión

Pongamos las barbas
a remojar

 
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yellen

Si escuchamos a Janet Yellen la semana pasada, es claro que le preocupa seriamente el panorama económico mundial. No es usual que la banquera central del país más poderoso del mundo exprese que la razón para tomar una decisión no sea el comportamiento económico local. No recuerdo otro período en el cual haya habido tanto consenso esperando larga desaceleración económica estadounidense, bajando de 2.6 por ciento este año, a quizá 2.4 por ciento en 2016 y 2017. Se espera un crecimiento global de sólo 2.9 por ciento en 2015, una cifra 44 por ciento menor a la de 2007.

A pesar de la relativamente baja tasa de desempleo, hay nula presión salarial. Típicamente, los salarios son el principal vehículo de contagio inflacionario. Conforme escasean los trabajadores y la economía crece, no queda más alternativa que buscar contratar a quien ya está empleado, ofreciendo pagarle más. Posteriormente, se reflejará el incremento en el costo laboral en el precio final de los bienes o servicios que la empresa en cuestión vende.

La deflación es la principal amenaza económica mundial. Para Estados Unidos, el entorno deflacionario (que aumenta el peso de la deuda tanto para individuos y empresas, como para el gobierno) está alimentado por la baja en los precios de las materias primas en general y del petróleo en particular. Incluyendo comida y energía en el cálculo de inflación, la cifra apenas alcanza 0.2 por ciento (de agosto a agosto). La deflación es un problemón para las empresas que al enfrentar debilidad en el precio de lo que ofrecen tienen que cortar proyectos de inversión o gastar menos en investigación y desarrollo, lo cual a la larga incide en menor productividad y menos crecimiento.

Nos acercamos a una gran crisis crediticia en países emergentes como Brasil, donde se contrató alto endeudamiento en dólares para desarrollar capacidad de producción. Ésta buscaba satisfacer expectativas de crecimiento chino que resultaron ser un sueño de opio. El colapso del real brasileño, que se ha devaluado más del doble que el peso mexicano, y la pérdida del grado de inversión de esa economía, presentarán retos fenomenales para continuar con el servicio de la deuda. Los abundantes capitales internacionales que bañaron a los BRIC´s (Brasil, Rusia, la India y China) ahora salen despavoridos.

Esto afectará incluso a países emergentes que no participaron en la bonanza de materias primas, como México, país patentemente manufacturero, que seguramente recibirá más recursos dentro de aquellos fondos dedicados a esta clase de activo, pero no suficientes para compensar por los recursos que saldrán de esta categoría en forma global. Por ponerlo en términos simples, la rebanada mexicana crecerá dentro del pastel de los mercados emergentes, pero el tamaño absoluto de la rebanada será menor, pues el pastel será mucho más pequeño.

La Secretaría de Hacienda tiene que enfrentar la dura realidad de que vienen años de raquítico crecimiento, aun si hacemos las cosas bien. Nuestro 2.0 por ciento de crecimiento será la envidia de muchos, pero no suficiente para mantener la estructura fiscal actual del país, o satisfacer las expectativas de un Mexico moment que parece distante.

La despetrolización de las finanzas públicas no ha sido voluntaria, sino forzada por la caída en el precio, que es un tercio de lo que era. En la misma proporción, las ventas de petróleo que financiaban un tercio del gasto total del gobierno, hoy financiarán la octava parte. Necesitamos otros ingresos, y no hay muchas opciones.

Dado lo que viene, es impostergable la racionalización del gasto público. Necesitamos un ejercicio base cero sin miramientos. El gobierno tiene que reducir dramáticamente su nómina. Urge reducir cantidad de burócratas y aumentar calidad. Hay que revisar cada proyecto de inversión, y hacer preguntas incluso en rubros que, por razones políticas, parecen intocables. ¿De verdad la UNAM no tiene montones de gasto superfluo? En este entorno, haberle asignado un presupuesto 6.7 por ciento mayor a la Cámara de Senadores es el epítome de la corrupción y un paso hacia atrás.

Preguntémonos cuál debe ser la función del Estado, a qué se compromete éste y cómo garantizamos su eficiencia al ejercer un presupuesto, sacarlo de un montón de actividades donde no tiene qué hacer. No podemos permitir más Chicontepecs (ni que nadie responda por tan monumentales fracasos). Muchos se reirán por considerar esto un sueño guajiro. Pero, no hay opciones. Estamos en un camino peligroso.

Esta administración incrementó el endeudamiento público en una cantidad superior a la recaudación fiscal anual total del país, en un entorno en el que había crecimiento mundial y precios del petróleo tres veces más altos. Eso debe llevarnos a pensar qué pasará en períodos de vacas flacas, con la ineficiencia que ha caracterizado a un gobierno que resuelve toda crisis política no sólo a billetazos, sino incluso asignando presupuestos que se vuelven intocables.

Sería históricamente irresponsable patear la lata. Cada día, las posibles soluciones serán más dolorosas.

Twitter: @jorgesuarezv

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