Opinión

Política y economía, divorciadas

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dinero

Cada una tiene su ámbito, pero la política y la economía no pueden caminar en direcciones opuestas porque el saldo es la derrota.

A pesar de un contexto internacional adverso, la economía no se ha caído, hay un crecimiento mayor que en el resto de los países emergentes, pero el discurso del secretario de Hacienda es fundamentalmente negativo.

Nos estamos preparando para lo malo, 2016 viene muy difícil, hay que readecuarlo todo en el presupuesto, son frases recurrentes que desmoralizan a la población que de por sí padece las dificultades existentes.

Dentro de dos meses el gobierno tiene en las elecciones federales una suerte de plebiscito sobre su actuación, pero el ánimo social no tiene señales esperanzadoras porque desde el gobierno le dicen que ahí viene lo malo.

Y los partidos de oposición cumplen su rol de afirmar que todo lo malo es culpa del gobierno. La ecuación es muy sencilla para el electorado que identifica a la presente administración como la causante de todos los pesares y, además, viene una tormenta.

Desde el gobierno se pinta, ante los electores, un panorama peor que el existente.

Hace algunos meses se anunció en Palacio Nacional que habría un plan para el sur-sureste, con una cadena de industrias para detonar el empleo y el desarrollo. Magnífico.

Ese programa está muy bien en el papel, pero no considera el contexto político existente en Guerrero y en Oaxaca.

Ahí hay dos tumores, la CETEG y la CNTE, que imponen su ley a garrotazos. No hay Estado de derecho en ambas entidades. ¿Qué empresario va a arriesgar su capital en esos estados si en cualquier momento le cierran las carreteras, les quitan los camiones, les roban la mercancía?

En Oaxaca y en Guerrero hay un problema político que impide el desarrollo de ambas entidades, pues ni siquiera permiten que se aplique la reforma educativa, que el gobierno gobierne, que las personas puedan circular por las vialidades en libertad.

Ahora se han propuesto impedir que los ciudadanos elijan a sus gobernantes mediante el voto, porque quieren tener consejos populares donde manden ellos.

¿Qué red de desarrollo industrial se va a instalar ahí? Ninguna. Al menos ninguna con capital privado, aunque rebajen impuestos.

Si no hay ley, no hay posibilidades de mejorar nada en Oaxaca y en Guerrero.

Por eso resulta incomprensible que se haya anunciado ese ambicioso programa económico sin tener en cuenta el contexto político.

¿No se hablan, no conversan el secretario de Hacienda con el de Gobernación?

Algo similar ocurre con el “presupuesto base cero”, que implica que ninguno de los programas vigentes tenga su existencia asegurada para el próximo año fiscal.

Es una gran idea, pero nuevamente sólo en el papel. Rediseñar el presupuesto es algo que se necesita hacer, pero para eso el gobierno requiere un músculo político que no tiene.

De acuerdo con la encuesta EL FINANCIERO-Parametría publicada el lunes, el rechazo al gobierno es casi de 60 por ciento. Con eso en contra no puede afectar miles de intereses que es necesario tocar en un presupuesto de base cero.

Además, anunciarlo antes de las elecciones es una invitación a que los afectados se movilicen en contra del gobierno y su partido. Mientras más débiles, mejor, es su lógica.

Las ideas son muy buenas, pero sin tomar en cuenta la realidad política y actuar sobre ella, son castillos en el aire.

Twitter: @PabloHiriart

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