Opinión

Política industrial de nueva generación

 
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Industria automotriz

En memoria de Pierre Charasse, brillante embajador e internacionalista, asociado del Centro Tepoztlán.

Desde hace algunos años, académicos, empresarios y mexicanos preocupados por el estancamiento del país, hemos insistido sin éxito en que México emprenda una política industrial de nueva cuña para fomentar el desarrollo manufacturero y los servicios de alto valor agregado e impulsar por esta vía el crecimiento, el empleo y el bienestar del país que nos permitan salir del estancamiento. Hasta ahora ha sido limitada la respuesta gubernamental.

El jueves pasado el actor clave, el empresariado, parece haber despertado al fin de su letargo. El nuevo presidente de la Concamin, el jalisciense Manuel Herrera Vega, afirmó ante el presidente Peña Nieto que México requiere una nueva alianza entre gobierno, académicos y empresarios para reindustrializarse, pudiendo crecer entre 6.0 y 7.0 por ciento anual si aprovechamos el momento para fomentar la inversión privada y generamos mayor contenido nacional e innovación de empresas mexicanas, que fortalezcan el mercado interno y las exportaciones con alto valor agregado.

Mucho hemos escrito economistas conocedores del tema para mostrar
-con base en las ventajas reveladas de México y nuestra localización geoestratégica, pero también en la exitosa experiencia asiática y de países europeos líderes- que el desarrollo de las manufacturas y los servicios -sobre todo los de mayor tecnología propia en las cadenas de valor- constituyen el camino básico para sobrevivir y avanzar en el nuevo entorno desafiante internacional.

Éste presenta grandes desafíos, pero también oportunidades. La economía de Estados Unidos podría crecer este año al 3.5 por ciento anual; algunas de las economías europeas comienzan a respirar; China ha bajado sus estimaciones de crecimiento, pero se espera que su PIB crezca este año todavía a 7.0 por ciento y que Asia en general y África, el continente rezagado, avancen a tasas de 5.0 por ciento, impulsadas por mayores mercados domésticos y exportaciones.

Según las más recientes cifras del IDIC (Instituto para el Desarrollo Industrial y el Crecimiento Económico AC) y su boletín "Voz de la Industria" (12-03-15), el crecimiento de México en 2014 fue de sólo 2.1 por ciento, el promedio de los últimos 13 años; el acumulado en el primer bienio de este sexenio, de 1.8 por ciento, inferior al promedio de las últimas tres décadas.

Las actividades primarias muestran una evolución menor, con avance de 1.6 por ciento en promedio anual durante el bienio. Sólo los servicios, con 2.7 por ciento tienen una evolución mejor pero insuficiente. El sector petrolero, que durante las últimas décadas fue líder en ingresos fiscales, gracias a los altos volúmenes y los elevados precios del crudo, vio caer sus ingresos por exportación en 47.3 por ciento en enero de 2015. Las manufacturas tienen resultados más favorables, pero muy por debajo de la capacidad instalada y sobretodo del potencial del país.

Un gran reto a futuro lo será la balanza comercial. A pesar del crecimiento esperado en las exportaciones del sector automotor, el aeronáutico y el electrónico, y el menor precio de las importaciones de refinados y petroquímicos, las cifras de enero de 2015 no son nada reconfortantes. Las mayores exportaciones agropecuarias y manufactureras no están compensando la caída de las exportaciones mineras y energéticas. El déficit de balanza comercial de tres mil 247 millones de dólares en enero y su comportamiento inercial van a complicar la balanza comercial.

La apuesta por el petróleo y el olvido de amplios sectores de la industria manufacturera constituyen hoy otra vez un cuello de botella para el futuro de México. No sólo abandonamos la naciente industria de bienes de capital de los 70; al abrir indiscriminadamente las importaciones y dejar de financiar al campo y a la industria en sus inversiones de expansión y modernización, creció nuestra dependencia de importaciones de alimentos y bienes intermedios y de consumo -que antes producíamos para nuestro mercado interno e incluso exportábamos-. Tal es el caso de productos químicos, petroquímicos y farmacéuticos, metálicos y metalmecánicos, textiles, calzado, muebles y productos de madera.

En este contexto “urge una nueva política de reindustrialización de nueva generación”, como lo propone el entrante presidente de Concamin. No nos queda otra. Los milagros de la Virgen de Guadalupe tienen su límite. El “verdadero milagro” residiría en echar a andar una visión estratégica de corto, mediano y largo plazos “que ponga a trabajar a todos los motores de la economía, aproveche la capacidad instalada que opera a 79.5 por ciento e impulse inversiones en infraestructura y moderna capacidad de producción privada en las diversas regiones del país”.

El otro milagro sería que vía programas promotores de la excelencia de lo “hecho en México” y “lo hecho en Nuevo León”-o Oaxaca- desterremos el malinchismo y recuperemos el orgullo por lo mexicano; como lo hacen los coreanos, los catalanes, los escoceses y los californianos.

La inversión extranjera seguirá acudiendo a país en la medida en que los mercados nacionales crezcan y encuentren aquí buenas plataformas de producción y exportación, incluyendo recursos humanos, infraestructura y logística competitiva.

Los salarios deprimidos son autoderrotantes por razones sociales y económicas. Sólo mayores niveles de productividad, fincados en la educación, la capacitación y el desarrollo tecnológico y la innovación, apoyados en políticas financieras, fiscales y comerciales pragmáticas, nos permitirán concurrir con países ricos y emergentes y aumentar nuestra participación en la producción, el empleo y la innovación mundial.

Ello exige políticas e instrumentos apropiados a las diversas ramas, productos, servicios y condiciones locales de infraestructura y logística, que hace mucho no están accesibles a las empresas mexicanas. No hay receta única, como lo muestran los logros de China, India, Corea del Sur, Alemania y Estados Unidos, que apoyan a sus pequeñas, medianas y grandes empresas y garantizan seguridad, a cambio de compromisos verificables de interés común.

Investigador asociado de Colmex, director general de la ONUDI (1992-97) y subsecretario de Fomento Industrial (1982-88).

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