Opinión

Pobreza y vulnerabilidad social

Hoy es comúnmente aceptado el hecho de que la pobreza es un fenómeno que para entenderlo y atenderlo hay que analizarlo desde varios aspectos, o factores que la determinan. Con ello el famoso coeficiente de Gini, utilizado tradicionalmente para medir la concentración de riqueza, tuvo que adaptarse para considerar el carácter multifactorial de la pobreza. Entonces se planteó como una opción el Índice de Desarrollo Humano, ideado por el economista Indio A. Sen, y que le valió el premio Nobel de Economía. Este índice tiene varios componentes que por ahora no vamos a tratar a profundidad, aunque sí resulta importante mencionar que desde que inició su cálculo se pensó en plantear esta idea de “Los Objetivos del Milenio” para reducir la pobreza en un plazo determinado.

La semana pasada se dio a conocer el resultado del IDH para el año 2013, en donde se reportan avances importantes en 40 economías en desarrollo, mismos que no hubieran sido imaginados en 1990, dadas las condiciones en que se encontraban. No obstante estos avances, se reportan todavía dos mil 200 millones de personas viviendo en condiciones de extrema pobreza, al tiempo que cerca de 80 por ciento de la población en el mundo carece de protección social; 12 por ciento sufre de hambre crónica y cerca de la mitad de los trabajadores tienen un empleo informal o muy precario. México aparece en el lugar 71 en el mundo, habiendo descendido un lugar y lejos todavía de nuestros socios comerciales, ya que Estados Unidos se ubica en el lugar cinco y Canadá en el ocho.

Un aspecto sobresaliente del reporte es el que tiene que ver con la vulnerabilidad social, que se entiende cuando analizamos que de poco sirve avanzar en el desarrollo humano si la sociedad sigue siendo vulnerable a eventos que puedan borrar de un solo golpe sus logros en materia de desarrollo. Las personas con capacidades limitadas en, por ejemplo, salud y educación, son menos capaces de vivir una vida que resulte valiosa para ellos. Sus posibilidades pueden aun ser más reducidas por barreras sociales y otras prácticas de exclusión. Juntos, las capacidades limitadas y la restricción de oportunidades, les imposibilitan para enfrentar ciertas amenazas.

En ciertas etapas del ciclo de vida las capacidades de la gene pueden verse reducidas por inversiones inadecuadas y falta de atención en el momento adecuado, generando vulnerabilidad que puede acumularse o intensificarse. Dentro de los factores que condicionan cómo un choque o una caída repentinos son resentidos, y cómo se le hace frente, se encuentran las circunstancias en el nacimiento de la persona, la edad, la identidad y el estatus económico, circunstancias sobre las cuales los individuos tienen poco o ningún control.

El progreso real en desarrollo humano es, entonces, no sólo dar mayores oportunidades a la gente y otorgar educación, cuidado de su salud y garantizarles un nivel adecuado de vida, sino también consiste en asegurarse que esos logros son seguros y vigilar si las condiciones son suficientes para un desarrollo humano sostenido. Una medida de progreso es incompleta, en tanto no explore y cuantifique la vulnerabilidad de la sociedad.

Por ejemplo, los trabajadores informales son muy vulnerables a los choques económicos, tales como la inflación, una recesión, o una devaluación. El concepto de vulnerabilidad es entendible si se enfoca en ver quién es vulnerable a qué y por qué. Los niños, los jóvenes y las personas de la tercera edad son inherentemente vulnerables, así que una política de desarrollo social debe incluir qué tipo de inversiones e intervenciones de la autoridad pueden reducir la vulnerabilidad, especialmente en los periodos críticos del ciclo de vida.

¿Qué tanto hemos avanzado en México en esta materia? Nada para fines prácticos, aunque sería interesante que el Coneval se enfocar a identificar y medir el grado de vulnerabilidad de los pobres y la mejor forma de abatirlo.

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