Opinión

Pobreza y democracia

 
1
 

 

Pobreza Coneval CUARTOSCURO

La democracia, tal y como lo establece el artículo tercero de nuestra Constitución Política desde 1917, es más que una estructura jurídica y un régimen político, un sistema de vida fundado en el constante mejoramiento económico, social y cultura del pueblo.

La democracia entonces se basa en el ser humano que no sólo es sujeto a derechos formalmente otorgados, sino que como sistema de vida, son derechos realmente vividos.

El expresidente de Brasil Lula da Silva afirmaba: “La democracia… no es una media palabra. Es una palabra completa. Algunos entienden por democracia apenas el derecho del pueblo a gritar que tiene hambre. Yo entiendo por democracia no sólo el derecho de gritar contra el hambre, sino el derecho de comer”.

Hoy nuestra joven democracia, aquella promesa que pasaba de la protesta a la conquista, dista mucho de este ideal.

La llamada consolidación de la democracia parece un fantasma suspendido en medio de millones de compatriotas que viven en la pobreza y que no cuentan con los mínimos niveles de subsistencia.

Dicho fantasma parece volverse aún más trasparente en la medida que el crecimiento económico no alcanza a romper su inercia con un promedio del PIB apenas por encima de 2.0 por ciento.

La pobreza permanece de manera estructural en la sociedad mexicana y la vuelve un peligro para la estabilidad de la propia democracia política estrictamente y, obvio, evidencia la baja calidad de ésta; hay quienes hablan incluso de la contra democracia.

La pobreza como resultado de la ausencia de oportunidades de trabajo formal (e incluso informal), y de políticas públicas que mejoren el entorno de las personas y sus familias, debe de ser vista no sólo como un problema ético de una sociedad que es incapaz de dar los satisfactores y las oportunidades a sus integrantes, sino también como la responsabilidad del Estado de cumplir con sus obligaciones fundacionales y a una clase política-dirigente incapaz de encontrar en el largo plazo la solución a un mal endémico e histórico, que anunciaba encontrar soluciones con el arribo de la democracia.

México tiene más de 50 millones de pobres y eso evidencia la debilidad del desarrollo de nuestro país, el incumplimiento de la norma constitucional y la magnitud del reto como sociedad, y gubernamental en los tres niveles de gobierno. Estos son los hechos que con una gran voluntad política es urgente enfrentar sin demagogia y sin signos partidarios, sino con verdadera urgencia y visión de Estado.

Por ello es imprescindible que, pese a los ajustes presupuestales que se tienen ahora, se impulse de manera coordinada en los tres niveles de gobierno una política social que se ponga como meta elevar el desarrollo humano y disminuir la pobreza, a efecto de que a mediano plazo los mexicanos tengan acceso universal a la salud y a la seguridad social; que fortalezca las políticas de vivienda popular; que combata de manera integral la pobreza rural; que aplique íntegramente y sin excepciones la reforma educativa en todo el país; que impulse una gran agenda digital en el contexto de la sociedad del conocimiento; y que apoye y promueva todas las expresiones de la cultura, así como del deporte para una sociedad más saludable.

Pero también es muy importante atar el combate a la pobreza a un urgente y necesario crecimiento económico. La pobreza no podrá eliminarse sólo con base en la política social del gobierno. Es necesario y estructural que se ligue a que la gente tenga un trabajo formal y eso sólo se podrá lograr si tenemos un despegue del crecimiento económico y dejamos la mediocridad en la que hemos estado en los últimos años.

Es necesario reforzar el mercado interno y redireccionar la política económica a este fin. El gasto público es sólo un instrumento para dinamizar la inversión privada lo mismo que la política fiscal. Crear empleos y reforzar el mercado deben de ser lo prioritario.

No dejemos que la pobreza se convierta en el elemento de desestabilización social y política. Más allá de lo ético y lo humano que toda sociedad debe de resolver para sus integrantes, los hechos han de ser ahora y sin tregua.

Twitter: @SamuelAguilarS

También te puede interesar:
La corrupción y la democracia
Corrupción, el flagelo de la democracia
Democracia griega