Opinión

Pobreza no requiere disputas estériles

28 julio 2016 5:0
   
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INEGI

Error grave el que cometió el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI) al cambiar la metodología de medición de los índices de pobreza, ya que al querer innovar y dar mayor certeza a las estadísticas sobre los factores que inciden y dan origen a este problema nacional, sus directivos olvidaron dar a conocer esta modificación al Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), pero más allá de ese error el asunto no sólo quedó como un diferendo interinstitucional sino que éste escaló a los medios informativos y de inmediato logró ubicarse en la agenda prioritaria del Congreso de la Unión.

Es cierto que en este asunto de la pobreza se deba contar con informaciones confiables y consistentes que permitan reorientar las políticas públicas, que los datos e información que se manejen reflejen la realidad de la problemática evaluada, como también es cierto que la Coneval ha sido rebasada por la realidad en cuanto a sus formas y métodos de evaluación en la materia, es una institución que desde su creación, en 2005, realiza cuentas alegres inmersa en su zona de confort, poniendo en práctica una metodología que ya tiene dominada, pero que está muy alejada de lo que ocurre realmente con este sector de la población.

En contraparte, el INEGI ha presentado en sus informes bianuales una consistencia razonable al medir el ingreso y a partir de 2008 se han presentado resultados que concuerdan con otras variables de la economía, esa es la realidad y en ese sentido hay opiniones que coinciden en que el diferendo no debió haber pasado a un estatus de conflictividad, pues en todo caso el tema se debió quedar en una mesa de trabajo entre ambas instituciones y más allá del error, de los enfoques, percepciones, metodologías y mediciones, se trata de un asunto tan sensible en nuestra sociedad que no requiere distracciones de ninguna índole ya que resultan estériles y lo que en verdad se requiere es coordinación, trabajo y esfuerzos conjuntos para realmente ver lo que está sucediendo alrededor de las estadísticas y acciones contra la pobreza.

Así mientras el Coneval dice que hay más pobres, el INEGI señala lo contrario, y en sus comparecencias por separado, ante los diputados y senadores de la Comisión Permanente ambos defendieron que los organismos que presiden buscan mantener la credibilidad para medir uno de los aspectos más sensibles de la realidad nacional: la pobreza.

No hay duda, ambos organismos tienen autonomía operativa y ahora que han llegado a la antesala del Congreso de la Unión, tal vez sea el momento de revisar no sólo el desacierto del INEGI, sino también los que pudiera tener el Coneval, porque para aspirar a acciones más realistas en el tema de combate a la pobreza la opinión e intervención oportuna de los legisladores podrían marcar la diferencia, de poner a cada quien en su justa dimensión, porque los dos realizan un trabajo para la misma causa y representan una herramienta valiosa en el seguimiento y evaluación de los programas y políticas en materia de desarrollo social, y de la confiabilidad de su información dependen muchas familias en cuanto a la entrega eficiente y equitativa de los recursos públicos destinados al rubro. “Hablando se entiende la gente”, dicen por ahí.



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