Opinión

'Planet Earth', el gran documental sobre el mundo salvaje

 
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Planet Earth BBC. (https://sainte-claire6b.wikispaces.com/Planet+Earth+(BBC+Documentary))

Usando material grabado en distintos lugares del mundo salvaje, la edición y narración de los documentales sobre la naturaleza crean secuencias convencionales: tenemos un personaje (una osa y sus oseznos), un escenario (las Rocallosas), un objetivo (descender de la montaña) y un peligro: la posibilidad de que se desprenda una avalancha. El narrador da el contexto y habla por los animales; es él quien nos explica la situación, la meta y el riesgo, mientras nos comparte información que de otra manera no sabríamos: los osos hibernan por cierto número de meses y les urge bajar para encontrar comida, por ejemplo. La tensión se produce a partir de mecanismos parecidos a los que emplea una película de corte comercial. Al ceñirse a estas convenciones, los típicos documentales de Discovery Channel o National Geographic diseñan escenas en vez de postales y le dan cohesión narrativa a un género que, de otra manera, sería más bien observacional.

El problema con estos documentales es que tienden a antropomorfizar. March of the Penguins es el nadir de esta tendencia: a través de la narración de Morgan Freeman, los pingüinos se transforman en amantes y padres de características humanas. Hasta ahora, pocas películas con este cariz se han atrevido a abordar a los animales en sus propios términos (sean como estos sean). Planet Earth, épico documental producido por la BBC, está más cerca de March of the Penguins y su humanización de la naturaleza. Hay un narrador
–emotivo, cómico o lírico, según la escena– y un elenco animal enfrentándose a peligros, buscando pareja o sustento, siempre con una meta. Planet Earth no reinventa el género al que pertenece. Es, sin embargo, el mejor en su tipo: un viaje espectacular por la Tierra a través de sus regiones.

En su segunda temporada, el gran proyecto de la BBC vuelve a algunas de las zonas que transitó en su primera entrega. Cada capítulo tiene un hilo geográfico que une los segmentos (desiertos, montañas, islas) y eso le permite recorrer cada continente.

No obstante, a diferencia de los documentales estrenados por National Geographic hace más de 30 años, Planet Earth no pretende ser un breve resumen sobre las ballenas o los tigres. Su ánimo es más bien coqueto, impulsado por la peculiaridad del mundo salvaje: sus episodios no son inmersiones, sino vistazos a criaturas y ambientes remotos e impresionantes.

A diferencia de la primera temporada, donde los documentalistas mantuvieron una distancia precavida, en esta segunda tanda las cámaras parecen tener la tarea de seguir al animal en turno muy de cerca para que el espectador vea el mundo como ellos lo perciben. En Madagascar brincamos entre los árboles junto con una familia de simios; en los Alpes volamos en el cuerpo de un águila mientras planea en busca de alimento. La visión que Planet Earth nos regala de un planeta en el que cada rincón esconde una sorpresa o una suerte de milagro evolutivo tiene un romanticismo que funciona, en parte porque nunca olvida el contrapunto realista: nos entusiasman, pero sabemos que las imágenes forman parte de ecosistemas precarios. Si bien no salen entrevistados a cuadro, la amenaza humana ronda los episodios como la Nada de La historia interminable.

Al final, sin embargo, no es un sermón o un dato triste lo que se queda con nosotros. Planet Earth II tiene trechos cinematográficos emocionantes. La prueba está en una secuencia, viral desde hace meses, en la que una iguana recién nacida corre a través de una playa, perseguida por un grupo de serpientes. Durante la persecución, el narrador guarda silencio. No necesita explicar el contexto: la premura de la iguana, lo que está en juego para ella, nos queda clarísimo. Un acercamiento de esta índole no lo da ningún zoológico. Esa es la fuerza de los mejores pasajes de Planet Earth: cuando el drama de la naturaleza habla por sí mismo.

Twitter: @dkrauze156

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