Opinión

Planeación de una fuga

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'El Chapo' segundos antes de su escape. (Especial)

La fuga de Joaquín El Chapo Guzmán comenzó a planearse probablemente en abril de 2014, pocas semanas después de ingresar al penal de máxima seguridad de El Altiplano, cuando ingenieros geólogos escogieron cuál cara de la cárcel tenía el subsuelo más adecuado para construir el túnel de la evasión. Sus personeros compraron en mayo varias propiedades en la zona, incluido el terreno donde construyeron la casa donde se abrió la boca del túnel. Pero el escape fue más que una obra de ingeniería, corrupción y ruptura de los protocolos de seguridad. Una estrategia legal acompañó el desarrollo de la obra que al final le permitió su segunda fuga.

El Chapo Guzmán tenía un ejército de 14 abogados acreditados en El Altiplano, que le permitía tener acceso a ellos de manera permanente, fuera de los horarios normales establecidos, o incluso los fines de semana. Había muchas razones para ello. Trabajaban los amparos para evitar su extradición a Estados Unidos, o buscaban quitarle acusaciones mediante alegatos de violaciones al debido proceso. La coyuntura se la había dado el nuevo perfil garantista de la Suprema Corte de Justicia, que permitió, por ejemplo, la liberación de la secuestradora francesa Florence Cassez, y del viejo capo Rafael Caro Quintero, cuyo abogado Efraín García Ramírez se sumó recientemente a su equipo.

La otra batalla legal que desarrollaron sus abogados fue para ganar privilegios dentro del penal. Uno muy importante, que le permitió el acceso casi ilimitado a sus abogados, fue por “incomunicación”; los jueces se lo otorgaron. Otro fundamental fue para tener televisión en su celda. Por reglamento, ese tipo de aparatos no son permitidos, pero El Chapo Guzmán, como otros internos en El Altiplano, logró que un juez le autorizada la televisión.

Las autoridades del penal arreglaron la televisión para que no pudiera ser transformada en un transmisor o un aparato de comunicación, y sólo tenía posibilidades para ver dos canales locales. Lo que hacía El Chapo era mantener la televisión prendida todo el tiempo –incluso así se aprecia en el video dado a conocer por las autoridades en el momento en que se fuga– y a todo volumen, incluso cuando estaba durmiendo.

La reflexión en retrospectiva es que la televisión sirvió para mitigar el ruido de la construcción del túnel, que se hizo completamente desde el exterior hasta su celda. Las prisiones de máxima seguridad tenían sensores, pero en El Altiplano ya no existen. Había un sistema de videovigilancia remoto en la Policía Federal que incluía audio en las regaderas, pero tampoco existe. El ruido de la televisión sirvió para ocultar al máximo que se estaba construyendo un túnel hacia la celda de Guzmán.

Los artilugios legales de El Chapo no fueron los únicos en la planeación de la fuga. El túnel llegó exactamente a la regadera de su celda, que era la última en el pabellón donde se encontraba, y de la cual no fue cambiado durante meses, que es una violación del protocolo, porque se les mueve con regularidad para evitar, precisamente, que lo tengan ubicado. Quien autoriza el cambio de celda es el Comité Técnico del penal, que conforman el director, los subdirectores y todos los jefes de unidad. No está claro si hubo peticiones o no de cambio de celda, o si también interpuso un recurso legal para evitar que lo trasladaran a otra. Las autoridades han estado buscando un dispositivo de posicionamiento global (GPS) que pudiera haber dado las coordenadas exactas de la ubicación de la regadera en la celda, pero hasta el momento no han encontrado nada.

Por qué se determinó la fuga esa noche, no está claro. Sin embargo, hay sospechas de que la fecha se tomó con bastante antelación. El largo de su pelo es una muestra de ello. A los internos se les rapa cuando llegan y cada semana van a la peluquería para mantenérselos corto. Sin embargo, el largo del pelo de Guzmán era de cuando menos 25 días, lo cual rompió con el protocolo e introdujo una de las varias sospechas de colusión interna.

El día que se escapó El Chapo comenzó como siempre, entre 6:00 y 7:00 de la mañana, la hora máxima para el pase de lista. Sin causa aparente, porque no había juzgados ni diligencias, se reunió dos horas esa tarde con su principal abogado, Adrián Granados, al término de la cual regresó a su celda y se acostó. De acuerdo con los videos del penal, hacia las ocho y media de la noche se levantó y comenzó a caminar de un lado para otro.

El comisionado nacional de Seguridad, Monte Alejandro Rubido, declaró a la prensa que esos movimientos siempre los hacía. Falso. Es cierto que no era inusual en él caminar de esa manera, pero sí su comportamiento. Varias veces se acercó a observar el piso de la regadera, inclusive una vez en que orinó. Quienes monitoreaban su celda en el penal, la Policía Federal y el Cisen, no repararon en la anormalidad de sus movimientos.

Rubido aseguró que la razón por la que se agachó en la regadera fue para lavar ropa. Tampoco es cierto. Nunca lavó su ropa, El Chapo siempre daba a que se la lavaran. Tampoco repararon lo extraño que fue que anduviera en calcetines y se calzara sus tenis. Se les fue en las narices, con lo que consumó una planeación en varios frentes y sofisticada, que se ejecutó pacientemente durante meses, para vergüenza de las autoridades federales.

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