Opinión

PISA 2015, poco ha cambiado

 
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Secundaria. (Mi Ambiente)

Ayer se publicaron los datos más recientes de la prueba PISA que tiene como objetivo evaluar el desempeño de estudiantes de 15 años en matemáticas, ciencia y lectura, y proporcionar información que permita mejorar las políticas educativas.

Ya tenemos los resultados y podemos evaluar el desempeño de los estudiantes mexicanos en esta prueba. Nos daremos cuenta de lo mal que estamos, del estancamiento de la calidad educativa, de la distancia con otras economías. Nada será novedad. No tendría por qué serlo, poco o nada se ha hecho para mejorar la calidad educativa del país. Sí, ya hubo una reforma educativa, una reforma que sin duda es un paso inicial, pero es sólo un paso de una carrera larguísima que no nos hemos atrevido ni siquiera a empezar. Los resultados ahí están. Poco ha cambiado en 15 años. Aquí algunos datos.

Empecemos por los resultados en ciencias, que es el área en la que se concentró la prueba en esta ocasión. El promedio de los países de la OCDE es 493 puntos, los estudiantes mexicanos obtuvieron 416. La expectativa es que, al terminar el periodo de educación obligatoria, todos los estudiantes alcancen un nivel que les permita hacer uso de conocimientos elementales, como interpretar datos e identificar los resultados de un experimento.

En promedio, en los países de la OCDE 20 por ciento no alcanzaba este nivel. En México el 48 por ciento no lo alcanza, el mayor porcentaje de este grupo. En el otro lado del espectro, el 8.0 por ciento de los estudiantes de la OCDE alcanza niveles de excelencia. En México uno de cada mil estudiantes lo alcanza, 0.1 por ciento.

En lectura también estamos por debajo del promedio de la OCDE. En México los estudiantes obtuvieron un puntaje de 423, frente a los 493 del grupo mencionado.

En el 2000 el desempeño fue de 422 puntos. Un avance de un punto en 15 años.

El nivel mínimo de competencia en esta área implica que los alumnos pueden “participar efectiva y productivamente en la sociedad moderna”.

42 por ciento de los estudiantes mexicanos de 15 años se encuentran por debajo de ese mínimo.

En la OCDE el promedio es 20 por ciento. Sólo 0.3 por ciento de los alumnos en México alcanzan niveles de excelencia, frente a 8.3 por ciento del grupo.

Matemáticas muestra un panorama más dramático. El promedio de la OCDE es 490 puntos, el de los estudiantes mexicanos es 408. Se ha mejorado un poco frente al año 2000, pero empeoramos respecto a 2009.

El nivel mínimo de esta competencia implica que los estudiantes puedan hacer operaciones aritméticas sencillas en la vida diaria.

Matemáticas es el área en la que peor desempeño hay en este grupo; 23 por ciento de los estudiantes no alcanza este nivel, pero en México este porcentaje se dispara hasta 57 por ciento. Este nivel se ha mantenido estable, establemente bajo. Tres de cada 30 estudiantes de la OCDE alcanza excelencia en esta área, en México tres de cada mil.

Resultados lamentables, pero no sorprendentes, en los tres ámbitos.

La prueba PISA distingue también por las condiciones socioeconómicas de los estudiantes. En general, en los países miembros de la OCDE un estudiante con ventaja socioeconómica obtiene 88 puntos más en ciencias, equivalente a un año escolar, que su par en el otro lado del espectro socioeconómico. En Francia y Luxemburgo la brecha es mayor, 115 puntos. En Latinoamérica la diferencia está entre 25 y 35.

Pero en México la brecha es de 19 puntos, la más baja de la OCDE.

Esto habla de la calidad de la educación privada. La educación privada es sólo ligeramente mejor que la pública. Pero al ajustar por condición socioeconómica, la comparativa cambia y la pública se hace mejor.

México no ha logrado, tampoco, tener un sistema de educación privada de excelencia.

¿Qué detiene el avance en la calidad de la educación privada? ¿Por qué no se exige más, se fomentan más talentos, se construyen más capacidades, se empuja a los jóvenes que pueden dar más? Quizá tenga que ver con la forma en la que se accede al mercado laboral, con la forma en la que se tejen las redes de amistades y las conexiones.

Quizás tenga que ver con la amigocracia, más que con la meritocracia.

En la medida en que el mérito determine de forma más contundente el acceso a mejores oportunidades académicas posteriores, al igual que al mercado laboral, entonces los padres con hijos en escuelas privadas exigirán mayor rendimiento académico.

Hemos permitido que el problema educativo crezca sin control y nos pasará una factura impagable. No es un área de oportunidad, como dirían los libros de autoayuda, es una oportunidad que ya dejamos ir.

Valeria Moy es profesora de economía en el ITAM y directora general de México ¿cómo vamos?

Twitter: @ValeriaMoy

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