Opinión

Píldoras venenosas

   
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Trump

Finalmente apareció una posición firme y determinante en el campo demócrata del Senado de Estados Unidos. Es una actitud que muchos esperaban desde hace semanas, en las que de forma sistemática el gobierno de Trump ha golpeado una y otra vez a la anterior administración. No sólo ha lanzado una iniciativa para desmantelar el Obamacare –Programa de salud púbica que brinda cobertura de seguro médico a millones de estadounidenses que no tenían seguro, subsidiado por el gobierno federal– sino ha atacado frontalmente al expresidente Barack Obama.

Ayer el líder de la minoría demócrata en el Senado, Charles Shumer, envió una carta a su contraparte republicana, el senador Mitch McConnel, donde le anunciaba –en un velado tono de amenaza– que de continuar las “píldoras venenosas” en su agenda legislativa, provocarán la paralización del Gobierno con un grave daño a la economía.

¿Qué quiere decir? En síntesis, el presupuesto con el que trabaja el nuevo gobierno de enero a abril opera sobre una base de transición prevista desde la anterior Legislatura. Para aprobar el nuevo presupuesto, el Gobierno requiere de los votos de 60 senadores (dos terceras partes) y los republicanos cuentan con 52. La mayoría que les otorga una serie de ventajas para aprobar iniciativas y paquetes legislativos menores, pero no el presupuesto federal. Para eso hace falta el acuerdo de dos terceras partes del Senado. El líder demócrata le escribió:

“Si los republicanos insisten en insertar píldoras venenosas tales como el financiamiento al Planned Parenthood (Paternidad Planeada, un programa de planeación familiar), construir el muro fronterizo o poner en marcha una fuerza de deportación, estarán paralizando al Gobierno y dándole un duro golpe a la economía”.

Es la primera vez en estos casi dos meses de gobierno que la oposición demócrata en el Senado alza la voz y envía un mensaje directo en defensa de sus programas instaurados desde la anterior administración.

Ya desde la semana pasada observamos la impugnación judicial de tres estados de la Unión (Hawaii, Washington y Nueva York) en contra del nuevo veto a viajeros, asilados y refugiados provenientes de seis naciones de origen musulmán. Es decir, gobiernos de extracción demócrata, que utilizan los caminos jurídicos para bloquear las iniciativas racistas y xenófobas de Donald Trump.

Ahora fue el turno de los senadores demócratas quienes manifestaron con toda claridad que si persisten con el muro, la planificación familiar o una fuerza de deportación, no tendrán nuestro apoyo. Y la clave radica en la votación para el presupuesto. La administración Trump tendrá que destinar partidas considerables para la construcción del muro. Nadie ha explicado todavía, aunque ha habido rumores –el impuesto de 2.0 por ciento a artículos fronterizos, el gravamen a las remesas, etcétera– de dónde van a salir los 15 o 20 mil millones de dólares que puede costar el muro.

El hecho es que esta dinámica de confrontación legislativa y partidista, tan añeja como el origen del bipartidismo –siglo XIX– en Estados Unidos, puede ser la clave para detener a un gobierno claramente antiinmigrante, conservador y radical en muchas expresiones.

Es el primer round –usualmente esto conlleva muchas más batallas– en que los demócratas ponen el pie y les dicen: por aquí 'no pasarán'.

Twitter: @LKourchenko

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