Opinión

Petrolización fiscal en crisis

 
1
 

 

Petróleo

Por supuesto que una visita papal no cambiará el rumbo de México, como bien saben quiénes recelan del Papa jesuita. Nada mal le vendrían algunos cambios de ética al país, que es de lo que vino a hablar el Pontífice; rechazar la corrupción y la violencia tiene fuertes implicaciones morales, laicas o pastorales según se las quiera ver.

Pero son otras las preocupaciones que dominan en el país. Hace décadas que el rumbo de México lo determinan principalmente factores económicos externos, que en estos momentos son fuentes de adversidades e incertidumbre, acentuadas por la falta de previsión de nuestros gobiernos.

El curso actual de los acontecimientos globales no es claro para los bancos centrales de los países poderosos, ni para sus gobiernos, ni para los especuladores en los mercados cambiarios o bursátiles, pero su impacto en una economía tan abierta como la nuestra y cuyas finanzas públicas está petrolizadas, es implacable.

En ese contexto, ayer anunciaron ajustes el secretario de Hacienda Videgaray y el gobernador del Banco de México Carstens, acerca de la paridad peso dólar y la caída de los precios del petróleo, convertidos en causas externas de presiones inflacionarias y de la crisis fiscal.

Al cambio peso/dólar lo están moviendo situaciones como la crisis europea, la economía china y la lenta recuperación estadounidense, conjunto de fenómenos que ha creado miedo entre quienes manejan inmensas fortunas en fondos de inversión líquidos.

Lo paradójico es que cohabitan en el mundo capitalista el descomunal endeudamiento público en países “ricos” e inmensas sumas de dinero que no encuentran oportunidades de inversión productiva rentables.

Los debates sobre una eventual recesión global han alarmado a quienes administran esos fondos, al grado de que ya no buscan donde obtener mejores rendimientos sino un refugio para ese dinero. Por eso han comprado bonos en dólares del gobierno estadounidense, lo que ha fortalecido a esa divisa frente a las demás.

En Europa, la sobreabundancia de dinero líquido ha creado la anormal situación de que los gobiernos de nueve países de la zona euro, en vez de pagarle, le cobran a quienes les prestan a corto plazo; quien busca refugio en el bono de Alemania a dos años, por ejemplo, paga intereses por seis de cada diez euros de deuda que emite el gobierno.

A la depreciación del peso ante el dólar fortalecido por más de 13 billones de dólares líquidos invertidos en bonos estadounidenses, se suma la caída de los precios del petróleo, que puso en crisis a las petrolizadas finanzas públicas. Con escaso margen proactivo, ayer se anunció un ajuste al gasto, 60 por ciento al corriente y 40 por ciento al de inversión, principalmente de Pemex, lo que restringirá la demanda agregada, contraerá la inversión y el PIB.

Más inflación y menor crecimiento de las inversiones y del empleo son consecuencia actual de condiciones externas, pero también de que se haya dilapidado durante décadas la riqueza petrolera; recordemos que en 2011 el barril de petróleo se vendía en 115 dólares, contra cinco dólares en 1986, y no olvidemos que los altísimos ingresos se aplicaron a elevar el gasto corriente del gobierno, no los ingresos de Pemex al que ahora se tilda de ineficiente.

Más aún, el gobierno federal que encabezó Felipe Calderón sumó a los superingresos petroleros la duplicación del endeudamiento público; lo recibió en poco menos de dos billones de pesos en 2006 y lo elevó a 3.9 billones para diciembre de 2011.

¿Qué pasó con todo ese dinero? Noruega aprovechó los altos precios petroleros para integrar un fondo equivalente a seis veces el gasto público anual. Allá no hay crisis fiscal ni penuria social por la volatilidad externa.

http://estadoysociedad.com


También te puede interesar:
El Papa y el secuestro de la política
“Desconstitución” de México
No siempre se han trabajado 40 horas semanales