Opinión

Perspectivas y prospectiva para 2015

Los simbolismos, no importa la cosmovisión que se tenga, siempre han sido importantes en la psique del ser humano y ante una necesidad de retrospección e introspección el fin de año parece ser un simbolismo importante. Sin embargo, la introspección, retrospección y prospección no sirven de nada si no se hacen cambios. El 2014 representó un año aciago para la sociedad mexicana. Es innegable que es necesario un golpe de timón. Desde diferentes escenarios -de corto y largo [plazos]- es imperativo replantear y resolver problemas que aquejan a nuestra sociedad.

En el plano social y de corto plazo es necesario frenar el statu quo de corrupción e impunidad que ha gobernado toda estructura social, incluyendo y con un mayor cinismo las gubernamentales. Se necesitan crear mecanismo de transparencia que no representen sólo más burocracia y simulación. Esta corrupción e impunidad se ha entretejido, por supuesto, con intereses económicos e incluso actividades ilícitas como el narcotráfico, y ha dejado tragedias inimaginables pero desafortunadamente reales, por ejemplo, Ayotzinapa. Antes que nuevas leyes, aunque tal vez sea necesario modernizar o complementar las existentes, se requiere una voluntad social de hacer valer las existentes. Hay que protestar hasta que la verdad aflore y los responsables de ilícitos estén donde les corresponde.

De ahí que las políticas de largo plazo en el aspecto social sean también relevantes. Para recuperar realmente el tejido social en la sociedad mexicana se deben pensar en políticas y programas de largo plazo, por ejemplo, la “reparación” de daños a las víctimas que en sentido amplio no sólo implica indemnizaciones económicas sino programas sociales inclusivos y no sólo asistencialistas.

Sin embargo, la parte social no bastará para recuperar el tejido social de México, por el frente económico también hay cosas de corto plazo que hay que dejar de negar y resolver en políticas de mediano y largo plazos.

El crecimiento, contrario a lo que preveían todos los analistas, que pronosticaban cercano a 3.5 por ciento, no superará 2.5 por ciento para 2015. El libre mercado sigue sin convertirse en la panacea que se ha prometido desde 1994. Al contrario, en algunos sectores ha sido una caja de Pandora y ha revelado y agudizado la estructura productiva tan heterogénea en México. Lo anterior descubre lo indispensable de la necesidad de crecimiento económico y replantear un modelo “para la económía global” cuando ésta también da signos de debilidad y constante a amenazas de recesión (véase precio del petróleo y tasa de cambio, así como la visita a Obama para “intercambio” de opiniones). Sin embargo, el crecimiento con los niveles de desigualdad en el ingreso que tiene México será irrelevante pues sólo ayudará a aumentar la concentración del ingreso como en los últimos veinte años.

México debe dar soluciones nacionales en un plano internacional que tampoco es nada esperanzador. Las tensiones políticas y diplomáticas, incluso entre economías de industria militar, son cada vez más frecuentes, aunque afortunadamente no más intensas. El crecimiento económico mundial para 2015, según cifras del FMI, será de 3.8 por ciento y para México, según encuestas del Banco de México, será de 3.51 por ciento, es decir, nuevamente ajustado a la baja.

De tal suerte dicho escenario nacional e internacional incrementan la dificultad para solucionar los retos sociales y económicos que México tiene, empero, estos son impostergables. Lo anterior no debe leerse como un pesimismo inflexible sino como una necesidad de hacer perspectiva y prospectiva desde la caja de Pandora que hemos destapado a través de la desigualdad, corrupción, impunidad y paupérrimo crecimiento económico.

Hay que hacer prospsectiva desde un escenario real y no negando u omitiendo los retos reales que México tiene y ha tenido por décadas. Si no solucionamos los problemas ya mencionados, entonces abrochémonos los cinturones en un tren de la inercia que no tiene rumbo o al menos no el que deseamos para nuestra sociedad y generaciones por venir. Ojalá que no lleguemos a aquella anécdota que rezaba que un funcionario del Fondo Monetario Internacional le aconsejaba a un ciudadano “tendremos que abrocharnos el cinturón”. Y el ciudadno le respondió “no se puede”. Y el primero preguntó “¿por qué?”. Y el segundo respondió “porqué ya me lo comí”.