Opinión

Perspectivas 2015

 
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Módulo especial urna elecciones

La tendencia, desde hace 18 años, es férrea: los electores han sancionado negativamente al partido del presidente de la República en las elecciones intermedias. En 1997 el PRI perdió, por primera vez en la historia, la mayoría en la Cámara de Diputados. Posteriormente, el PAN ni siquiera alcanzó la mayoría relativa en 2003 y 2009.

La encuesta de Parametría–EL FINANCIERO (20/1/15) apunta que el PRI podría alcanzar la mayoría relativa en esta ocasión (31 por ciento). Pero aún faltan las campañas y su distancia respecto del PAN es de apenas cuatro puntos. Nada está, pues, decidido.

La situación económica es un factor determinante en la definición del voto en cualquier elección, pero lo es especialmente en los procesos intermedios. En 1991, después de la crisis del 6 de julio del 88, el PRI logró la mayoría absoluta. La explicación de ese hecho estuvo asociada a los éxitos económicos del gobierno: renegociación de la deuda externa, control de la inflación, crecimiento económico y estabilidad cambiaria.

El panorama, hoy, es distinto: incremento de impuestos, bajo crecimiento económico, caída del precio del petróleo y volatilidad cambiaria. La molestia generalizada por la reforma fiscal y por los escasos logros en materia económica pesarán, sin duda, en la orientación del voto.

Otro factor que incrementa la inconformidad es la crisis de inseguridad que ha catalizado Ayotzinapa. La reacción del gobierno fue tardía, no acaba de encontrar una salida, y carece de una estrategia efectiva para contener la violencia y la impunidad. No habrá, en consecuencia, resultados tangibles ni a corto ni a mediano plazos.

Por si lo anterior fuera poco, “casa blanca”, Malinalco e Ixtapan han socavado la credibilidad del gobierno de la República. Hechos graves en sí mismos, pero más en el contexto de una política recaudadora que presiona a empresas y hogares, sin garantizar transparencia ni eficiencia en el gasto público.

Hay, sin embargo, una primera consideración: la inconformidad ciudadana puede expresarse no sólo como voto de castigo, sino como indiferencia. Además, como bien se sabe, las elecciones intermedias registran una tasa de participación más baja que las presidenciales. De forma tal, que el peso de los electores cautivos se incrementa, respecto de los votantes indefinidos e inconformes, diluyendo el voto de censura.

Segunda consideración: los gobernadores priistas pondrán a funcionar las maquinarias electorales en 19 estados, particularmente donde habrá comicios locales.

El PAN, por su parte, se presenta a la elección con saldos positivos y negativos. Los primeros, son su oposición sistemática a la reforma fiscal y su rol en la energética. Los segundos, son los 12 años de alternancia, los “moches” y otras formas de corrupción, amén de los conflictos internos. El resurgimiento del panismo indica que los saldos positivos superan a los negativos.

2015 es el año del debut de Morena. El campanazo ya está dado. Las encuestas muestran que el movimiento de AMLO tiene asegurado el registro. No sólo eso. Parametría–EL FINANCIER lo ubica a sólo dos puntos del PRD. Son muchos los imponderables de aquí al 7 de junio. Pero, así como una caída está descartada, cabe la posibilidad de un incremento del voto por Morena.

A contrapunto, el PRD enfrenta un escenario muy complicado. Ayotzinapa lo ha golpeado severamente. No ha logrado distanciarse ni despejar sombras y sospechas. La salida de Cuauhtémoc Cárdenas y otros perredistas (Encinas, Delgado), así como la declaración de Ríos Piter, han puesto contra la pared a Nueva Izquierda, y anticipan fugas que podrían convertirse en estampida.

Todos los elementos mencionados hacen de 2015 un año clave. Los resultados marcarán las tendencias y la correlación de fuerzas hacia 2018. La resurrección (si es que es válido ese término) de AMLO se puede dar por descontada. Y si el gobierno federal continúa aferrado y ensimismado, se puede anticipar, también, que el rayito de esperanza será un fuerte candidato a la presidencia de la República.