Opinión

Perdiendo amigos

     
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calderón

Hace seis años, en el proceso de elegir candidato presidencial de Acción Nacional, Felipe Calderón impulsó a Ernesto Cordero. Lo hizo con toda la fuerza que le daba su posición como presidente de la República, al extremo de maltratar legendariamente al entonces presidente del PAN, Gustavo Madero. Cordero se mantuvo como secretario de Hacienda todo lo posible (renunció el 9 de septiembre), para entrar con ventaja a la selección interna. A pesar de todo, no pudo ganar la candidatura, como tampoco había podido seis años antes el candidato del entonces presidente Fox, Santiago Creel.

A diferencia de lo ocurrido con Fox y Calderón, donde el primero apoyó sin dudar la campaña del segundo, Calderón no respaldó a Josefina Vázquez Mota de la misma manera. Seguirá siendo una incógnita cuánto de la derrota de Vázquez Mota se debe a esa falta de respaldo y cuánto a sus deficiencias como candidata, pero ambas cosas pesaron.

Los excesos de Calderón con respecto al PAN durante su gobierno explican también las dificultades que su grupo político ha sufrido desde entonces. También fueron relevantes en la decisión de Gustavo Madero de acercarse al Pacto por México, de la misma manera que el PRD lo hizo para deshacerse de López Obrador. Mientras se llevaban a cabo reformas que son, y serán de gran importancia para el país, y que coincidían con la plataforma histórica del PAN, el calderonismo no dejó de atacar a Madero, igual que López Obrador lo hacía con Nueva Izquierda en el PRD. Hay un dicho antiguo al respecto: “elige bien a tus enemigos, porque acabarás pareciéndote a ellos”.

Para 2015, López Obrador decidió abandonar su partido para crear otro en el que nadie le discutiese, y lo ha logrado. Con muchos menos votos de lo que creen la mayoría de los colegas, pero indudablemente en los alrededores de 20 por ciento, que no es poca cosa. Calderón intentó impulsar a Margarita para ser diputada, imagino que para conseguir la coordinación y desde ahí construir su candidatura presidencial. No se pudo, de forma que han continuado con ese proyecto pero desde fuera de cualquier cobertura partidista. Por lo mismo, se han quejado constantemente de que Ricardo Anaya estaría construyendo la propia desde la presidencia del partido. Hasta ahora, siendo justos, con menos apoyo del que tuvo Cordero hace seis años, pero la óptica cambia según la posición propia.

En mi opinión, Felipe Calderón fue un buen presidente, pero un pésimo líder de partido. Abusó de él desde la presidencia, y después se sorprendió del poco apoyo que ha encontrado a su interior. Ahora, sus más importantes seguidores optaron por hacer el juego al PRI de Gamboa, esperando recibir vítores del resto del panismo. No parece haber sido así, y ayer mismo se confirmó la intención del PAN de participar en el Frente Opositor, junto con PRD y MC, lo que hace virtualmente imposible la candidatura de Margarita Zavala, y muy difícil la permanencia de los senadores referidos al interior de la fracción del PAN.

Este columnista tuvo muchos amigos de izquierda, que dejaron de serlo alrededor de 2006 y las obsesiones de López Obrador. Tal vez ahora ocurra lo mismo, con otros amigos más recientes, y las obsesiones de su enemigo. Es desafortunado que la política en México haya alcanzado estos niveles de confrontación, propios de sistemas muy poco institucionalizados. Y es precisamente por ello que vale la pena intentar una construcción política que apunte a un orden institucional estable, mediante una coalición no priista ni actual ni de los setenta.

Es lo que hay, pues.

Profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Twitter: @macariomx

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