Opinión

Pérdidas enormes para EU en patentes farmacéuticas por abandono de TPP

 
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¿Qué hay detrás del alto costo de los medicamentos prescritos?

La variación de rumbo en el discurso del Gobierno de Estados Unidos en materia de libre comercio, resulta inexplicable a la luz de los costos enormes que deberán absorber algunas de sus empresas más emblemáticas. Algunos de los jugadores más constantes, involucrados y hostiles que en cada negociación internacional aparecían –empresas farmacéuticas y biotecnológicas-, con propuestas cada vez más intervencionistas e incómodas para los países de economías emergentes y subdesarrollados, han pasado ahora a un escenario proteccionista que implica la renuncia a esas posiciones labradas a lo largo de 30 años.

Este cambio resulta sorprendente e inexplicable, no sólo por sus repercusiones políticas en términos de pérdida de liderazgo, sino que tendrá hondas consecuencias en la reducción de sus ingresos en los próximos años. Hay que pensar que cada patente que pudo ser beneficiaria de la prórroga de cinco años de vigencia que el TPP garantizaba, dejará de producir beneficios monopólicos a sus titulares.

Para sacar conclusiones basta saber que un producto patentado como Lipitor, medicamento para el control de colesterol, en sus mejores años lograba ventas mundiales anuales superiores a 13 mil millones de dólares.

Además, hay que recordar que otros beneficios asociados al TPP tenían que ver con la prohibición a los fabricantes de genéricos de usar información de pruebas clínicas del producto líder, lo que se convertía en una manija adicional para el control de precios, así como el reconocimiento expreso a diversas formas de patentamiento que han estado seriamente cuestionadas en el mundo.

Lo que más debe preocupar a estas empresas, tan dependientes para su éxito de la fortaleza de su propiedad intelectual, es la desaparición del lenguaje de su Gobierno de referencias a estos temas. Dado que se trata de mecanismos mucho más sofisticados de expansión mundial del capitalismo, parecen ya contrarias a esta intención de recuperar puestos de trabajo de manufactura hacia el interior de Estados Unidos.

Parece que en ese sentido, ese país, otrora promotor a ultranza del respeto irrestricto a los activos empresariales intangibles, ha cambiado su lectura para abandonar el campo de batalla que por tantos años defendió como territorio propio, para cederlo a la fuerza de la incertidumbre. Si a eso añadimos el componente inevitable del antiamericanismo, el resultado es francamente impredecible. Es posible que la inercia tutelar de los derechos de propiedad intelectual siga avanzando por determinado tiempo, pero en algún momento empezará a extrañar la fuerza motriz que le ha mantenido avanzando en las últimas décadas.

Conversando con un antiguo negociador estadounidense que ha participado activamente en la confección de muchos de los tratados más influyentes en materia de patentes en los últimos 15 años, me transmitía esta sensación de vacío político que percibe desde hace meses y que no parece llenarse con nada. Antes, me dijo, recibía 15 o 20 correos al día con tareas y objetivos, y los reportes semanales y mensuales eran asignatura obligada; hoy en cambio, me dice que podría no pasar por su oficina en tres días y difícilmente se notaría su ausencia.

No se trata sólo de dejar pasar esta moda que ha trastocado el estilo de hacer política en Estados Unidos; no se trata sólo de una pausa de cuatro años; se trata de una transformación de los hábitos diplomáticos que por décadas se habían perfeccionado, y que hoy son puestos a secarse al sol como prendas desechables.

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