Opinión

Percepciones económicas preelectorales

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Precios al consumidor

De acuerdo con la última encuesta GEA-ISA que se levantó en marzo, y cuyos resultados se incluyen en el análisis trimestral “Política, Sociedad y Cambio: Escenarios de Gobernabilidad” (www.structura.com.mx/gea), la ciudadanía tiene una doble percepción de la situación económica.

Por una parte, 39 por ciento de los encuestados señalaron que el principal problema del país es económico, lo que implicó un aumento con respecto a noviembre pasado (30 por ciento), e igual porcentaje al que opina que la seguridad es el mayor problema. Por otra, se registró una mejoría en las percepciones acerca de la situación económica actual del país (28 por ciento opinaron que buena, en comparación con 20 por ciento en noviembre) y para el próximo año (30 por ciento, que superó al 21 por ciento que espera que esa situación empeore). No obstante, un sorprendente 67 por ciento opinó que existe una crisis económica, lo que se suma al 19 por ciento que prevé que la habrá. Más de dos terceras partes de los encuestados la atribuyen a decisiones del gobierno, y sólo 20 por ciento a las condiciones mundiales.

Esas percepciones podrían explicarse por varios factores. La combinación entre el incremento del empleo en los últimos meses de 2014 y los primeros de 2015 (4.5 por ciento en el primer bimestre), junto con una modesta recuperación de los salarios reales (1.3 por ciento), ha implicado una recuperación importante de la denominada “masa salarial”, lo que impulsó el consumo. En el periodo enero-febrero las ventas reportadas por la ANTAD se incrementaron casi 6.0 por ciento con respecto al año anterior. Sin embargo, según la encuesta, más de 60 por ciento de los entrevistados no está seguro de su empleo ni de las posibilidades de consumo familiar.

Así, a pesar de que las percepciones de las condiciones económicas actuales son favorables, existen severas dudas de que se mantengan y/o mejoren. A ello puede haber contribuido la caída del precio del petróleo, la depreciación del tipo de cambio y aún el recorte al gasto público anunciado para este año, no por su impacto en los bolsillos de la población (todavía) pero sí por el “ruido” que generan y su incidencia en las expectativas.

Sin duda, han abonado las declaraciones recientes de las autoridades financieras, en el sentido de que el precio del petróleo no se recuperará a corto plazo; de que se anticipa otro macrorecorte al gasto público en 2016, aunque se anuncie como “presupuesto base cero”; de que el aumento de tasas de interés es inminente; que habrá que apretarse el cinturón y ser más productivos, etcétera. Más allá de que las autoridades pueden tener razón en varias de esas consideraciones, no quedan claros los objetivos que persiguen al transmitir una perspectiva tan desfavorable cuando la economía está en proceso de recuperación.

Ello se da en un marco de nula credibilidad en el gobierno (85 por ciento de la población encuestada le cree poco o nada al presidente) y en el que el tema de la corrupción, que se vincula con el uso de los recursos públicos, aparece cada vez con mayor fuerza: 42 por ciento manifiesta que es la reforma pendiente más importante, aún por arriba de la correspondiente a los salarios mínimos (28 por ciento).

En las próximas semanas esa doble percepción acerca de la situación económica se acentuará. Es previsible que la producción, el empleo y los salarios continúen en recuperación y 2015 sea modestamente mejor que el año anterior en materia económica, sobre todo en lo que se refiere al mercado interno. En contraste, otros factores tendrán un impacto desfavorable en los bolsillos de la población, en particular el impacto de la devaluación en los precios, efecto que ya empieza a transmitirse, y la menor disponibilidad de recursos personales que se derivará de los topes a las deducciones fiscales en las declaraciones de personas físicas en abril, entre otros. Ello también incidirá en el ánimo y credibilidad de la población hacia el gobierno.

En ese entorno, no sorprende el vuelco reciente en las preferencias electorales en las que la diferencia entre el primer lugar (PRI) y el segundo (PAN) se haya cerrado a un rango de entre tres y cinco puntos porcentuales.

Twitter: @ruizfunes

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