Opinión

Percance en Reforma, una lección, una

  
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Accidente Reforma

Una lección, una. Ante una tragedia surgen múltiples reacciones, unas más acertadas que otras, unas más estrambóticas que otras. Pero en no pocos casos ese alud de respuestas termina por derrotar al buen propósito de aprender algo de la desgracia para, en la medida de lo posible, prevenir otras similares.

En esas estamos en el tema del percance de la semana pasada en Paseo de la Reforma y Lieja, donde el balance fatal, como se sabe, fue de cuatro muertos que viajaban en un auto conducido a exceso de velocidad y bajo la influencia del alcohol.

El percance, que no accidente, fue espantoso. Nos sacudió como sociedad. Y con las mejores de las intenciones, pero no necesariamente con el mejor tino, se ha escuchado que también deberíamos hacer responsables de lo sucedido al valet parking que habría entregado ese auto al conductor, al establecimiento donde éste bebió alcohol, e incluso hay quien culpa a la Policía, porque según eso no se le vio por ningún lado en Reforma cuando esa vía era usada como pista de carreras.

Por querer sacar demasiadas lecciones de esa tragedia podríamos no sacar alguna. Conjuremos eso. Saquemos al menos una.

Lo que no está a discusión es que el conductor, según ha acreditado un médico legista, había abusado del alcohol. Lo que está claro es que además iba a más del doble del límite de velocidad permitido.

Con eso en mente, repasemos un caso sucedido en Chile. En enero de 2013 un conductor borracho mató a una niña chilena de nombre Emilia. Tras dejar sin vida a la bebé, el automovilista incluso pretendió darse a la fuga. Con la ley de entonces, el autor de la tragedia libró la cárcel. Ante eso, los padres de Emilia se movilizaron y lograron cambios legales, promulgados por la presidenta Bachelet en septiembre de 2014. (http://bit.ly/1BHHONv)

Con la 'Ley Emilia' se explica en el sitio de la Comisión Nacional de Seguridad de Tránsito de Chile, “se sanciona con cárcel efectiva de al menos un año a los conductores en estado de ebriedad que generen lesiones graves, gravísimas o la muerte”. (http://www.conaset.cl/ley-emilia/)

Un año de cárcel sí o sí cuando un conductor al combinar alcohol y volante provoque lesiones graves o la muerte.

¿Es esto draconiano? ¿Excesivo? ¿No es para tanto? Creo que quienes deberían opinar al respecto, antes que nadie, son las familias de muchas víctimas. Por cierto, la pena máxima de la Ley Emilia son diez años de cárcel y pérdida de la licencia de conducir.

Sin embargo, la eventualidad de una Ley Emilia para México precisa de que estemos de acuerdo en una cosa simple.

Semanas atrás surgió en la CDMX la polémica por las fotomultas. Sin duda deben aclararse y/o corregirse los abusos económicos de la concesión mancerista y las fallas legales del procedimiento implícito en las multas, pero lo que no debería cancelarse es un mensaje que mucha falta nos hace: si cometes una infracción habrá consecuencias. Y a la larga tú y tus conciudadanos serán los primeros beneficiarios de que esa consecuencia sea, las más de las veces, pecuniaria y no sangrienta.

Impunidad se llama el juego que hay que conjurar. Si te pasas un alto, que te multen. Si excedes la velocidad permitida, también. Y si provocas un percance donde hay lesionados graves o muertos, no fue culpa del valet ni del antro ni de la Policía. Y no debería haber poder económico o buen abogado que te libre de la cárcel al menos un año, como en Chile. Discutamos una sola lección. Y hagámosla efectiva. Propongo.

Twitter: @SalCamarena

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