Opinión

Pensiones, vanas amenazas

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Ancianas. (Cuartoscuro/Archivo)

Hace unos días, la OCDE presentó un estudio acerca de las pensiones en México. Como es normal, es un buen documento, que ilustra virtudes y deficiencias de la seguridad social en nuestro país. Sin embargo, me parece que se ha interpretado de manera estridente, en consonancia con la creencia en el “tsunami de las pensiones”, la idea de que se viene una tragedia en este tema en los próximos años. No creo que haya fundamento para ello, y no veo en qué ayuda andar espantando con el petate del muerto.

No es éste el primer estudio del tema. Hay, por ejemplo, un amplio trabajo de SURA acerca de los sistemas de pensiones latinoamericanos, en el que el capítulo sobre México fue escrito por Alejandro Villagómez, y hay estudios anuales del IMSS acerca de su situación financiera que son de gran utilidad. Con base en toda esta información, creo que podemos establecer con cierta seguridad cuál es nuestra situación en este tema, y no se percibe en ello ninguna tragedia inminente, pero sí varias cosas que pueden mejorarse.

Según la OCDE, creo que con razón, hay cuatro retos: la transición del viejo sistema de pensiones al nuevo, la tasa de reemplazo en este nuevo sistema, la cobertura, y la fragmentación del sistema. Veamos cada uno. En México empezamos a corregir nuestro viejo sistema de pensiones desde inicios de los noventa. El SAR, primero, y luego el sistema de Afore, permitieron reducir la posibilidad de una situación crítica en las finanzas de las instituciones públicas. En 1997 inició la transición para el sector privado, y en 2007 para el sector público.

Todas las personas que empezaron a trabajar en el sector privado antes de 1997 pueden jubilarse usando el sistema anterior (ley de 1973), y algo similar ocurre con los del sector público, pero hasta 2007. Esa generación es la llamada de transición, porque todavía utilizará el viejo sistema, y eso tendrá que ser financiado por el gobierno. Como usted sabe, porque ya acá lo hemos comentado, ese costo no es menor. En 2014 se destinaron 521 mil millones de pesos del presupuesto para cubrir pensiones (IMSS, ISSSTE, CFE, Pemex). Eso equivale a tres puntos del PIB.

Esta cifra crecerá por todavía muchos años. Las pensiones para asegurados del IMSS, que en 2014 fueron por 180 mil millones de pesos, crecerán hasta el 2042, cuando llegarán a 650 mil millones de pesos (de 2015). Esto implica que pasarán de 1.1 por ciento a 2.1 por ciento del PIB (suponiendo que crezcamos 2.0 por ciento anual, como lo hemos hecho desde 1940). Las pensiones de los trabajadores del IMSS, que son injustamente mayores que las de los asegurados, llegarán a su máximo unos cinco años antes. Serán entonces 0.4 por ciento del PIB. Sumando ambas, 2.5 por ciento del PIB.

Del ISSSTE es más difícil hacer estimaciones, por contar con menos información, y peor en los casos de Pemex y CFE, y no digamos estados y universidades, así que uso lo que la OCDE publica.

De acuerdo con ellos, el costo total de pensiones crecerá hasta 2035, cuando representará 6.0 por ciento del PIB. De ahí se reducirá rápidamente, para estabilizarse en 4.0 por ciento del PIB. Eso es más que hoy, pero no es nada catastrófico o impagable. Si México destina, en su peor momento, 6.0 por ciento del PIB a pensiones, seguiríamos muy por debajo de lo que hoy mismo está gastando Brasil, que ya llega a 10 puntos, o Francia e Italia, que rondan 14.5 por ciento de su PIB, o Grecia con 16 por ciento.

Por eso me preocupa que se quiera presentar el tema como “tsunami”, como amenaza a millones de mexicanos que han cotizado en el IMSS. Parece que no basta con pagarle menos a los que trabajan, sino que además hay que amenazarlos. Pues no.

El autor es profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Twitter: @macariomx

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