Opinión

Pensiones, nuevos sistemas

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Se espera que Lee, de 89 años, pase el martes en una residencia de ancianos donde vive en Monroeville. (AP)

Ayer le decíamos que las histéricas amenazas que han empezado a aparecer en el tema de las pensiones no tienen fundamento alguno. El pago de los compromisos del gobierno mexicano a los trabajadores que han cotizado en sus instituciones de seguridad social no es imposible. Ni siquiera es demasiado difícil. Sí será una carga para las finanzas públicas, pero nada excepcional. Muy inferior a lo que ocurre en la mayor parte de los países del mundo. Por otra parte, ya en varias ocasiones hemos documentado el abuso que hemos sufrido quienes trabajamos en la iniciativa privada por parte del gobierno: las pensiones que nosotros recibimos son sólo una fracción de lo que reciben los trabajadores del sector público.

Pero ese tema no es el único. Le comentaba que la OCDE identificaba cuatro retos, y ése es sólo el primero. El segundo es el monto de las pensiones en los nuevos sistemas. Estos son del tipo de “contribución definida”. Cada trabajador aporta un cierto porcentaje de su ingreso mensual, que se acumula en una cuenta que tiene rendimientos bastante elevados (comparado con las opciones financieras normales), y cuando decide retirarse tiene la opción de recibir todo lo que acumuló, o contratar una renta vitalicia con esa cantidad.

Este sistema es mucho mejor que el de “beneficios definidos”, en el que los trabajadores tienen garantizada una cantidad, y la institución es la que carga el costo de financiarla. Este método fue el más común en la posguerra, y por eso hay tantos países hoy con serios problemas de financiamiento.

La falla grave de nuestro sistema es que los trabajadores están ahorrando muy poco. Por el momento, el porcentaje que cada uno ahorra es de 6.5 por ciento de su ingreso mensual. Hay una contribución social adicional (del gobierno, pues), que se otorga a quienes tienen ingresos más bajos y que para quienes ganan menos de cuatro salarios mínimos eleva el monto ahorrado a poco más de 8.0 por ciento. Como sea, con eso no se puede tener una tasa de reemplazo decente. Se llama tasa de reemplazo a la proporción que la pensión representa del ingreso. Por ejemplo, si usted ganaba 10 mil pesos mensuales, y al jubilarse le dan cinco mil, su tasa de reemplazo es de 50 por ciento. De acuerdo con la OCDE, México anda en 30 por ciento, que es una miseria, pero podría subir a 45 por ciento si el ahorro que hacemos en el Infonavit se suma al monto para la pensión (algo que, además, es estrictamente justo). Considerando el Infonavit, el monto es ya de 11.5 por ciento o de poco más de 13 por ciento en el caso de ingresos inferiores a cuatro salarios mínimos. Por cierto, con ese nivel de ahorro, y el reemplazo de 45 por ciento, ya quedamos por encima de Reino Unido, Estados Unidos, Canadá, Suiza, Corea y varios otros. Es decir, tampoco es un asunto gravísimo, como luego nos dicen.

Pero no hay duda de que sería mucho mejor si incrementáramos la cantidad mensual. Hoy, de 6.5 por ciento que se ahorra, el trabajador sólo pone 2.0 por ciento. El resto lo financia la empresa (y un poco el gobierno). Creo que no sería nada difícil que se incrementara el ahorro para el retiro a un ritmo de 1.0 por ciento anual, de parte del trabajador, por cinco o incluso diez años. Eso elevaría el monto ahorrado a 18 o hasta 23 por ciento del ingreso, y con eso la tasa de reemplazo se va a niveles superiores a 80 por ciento.

Así que en esto tampoco hay tragedia inminente. Hay cosas que hacer, pero no más.

El autor es profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Twitter: @macariomx

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