Opinión

Pensar las ciudades

 
1
 

 

ciudad

Se aproxima un año que a todas luces será difícil. El país vivirá una elección fundamental que podrá cambiar —para bien o para mal— la cara del país. La plática recurrente en cualquier escenario es sobre los candidatos, las encuestas, los partidos y los propios cálculos que todos hacemos incluso ahora que las cartas todavía no están echadas. Las condiciones de seguridad en el país empeoran, aunque se hable menos de ellas, cada cifra de seguridad que se da es peor que la anterior y los ciudadanos no se sienten seguros ni en las calles ni en sus casas.

Las presiones externas seguirán, la probabilidad de que sigamos siendo agredidos en diversos frentes por el presidente de Estados Unidos es alta. El riesgo de que se termine el tratado comercial más importante que tenemos aún existe. La volatilidad seguirá mientras tantas variables sigan en el aire.

El año que se acerca leeremos cientos de análisis, decenas de encuestas y probablemente veremos que algunas coladeras se destaparán. La contienda electoral será sucia, complicada y con mucho dinero de por medio. Así que antes de entrar en esa dinámica, valdría la pena hablar de otras cosas. Hoy pensemos en las ciudades.

Cuando hablamos de políticas públicas, usualmente nos referimos a políticas a nivel nacional o estatal. Lograr cambios en esos niveles puede ser difícil porque hay que mover instituciones e intereses. Si hablamos de las ciudades, quizás los objetivos estarán mejor alineados. Más que hablar de lograr un crecimiento determinado del PIB de un país, hablar de los planes de desarrollo de una ciudad en específico puede ser más efectivo. Importantes centros de estudios están analizando cómo lograr cambios significativos impulsando políticas a nivel ciudad donde los habitantes vean y vivan directamente los impactos.

Tenemos que empezar a planear nuestras ciudades. No sólo reaccionar a los cambios demográficos y sociales parchando los problemas y resolviendo crisis por crisis.

Los que vivimos en la Ciudad de México padecemos las consecuencias de la falta de planeación. Hay algunos avances, sobre todo en el ámbito cultural, pero tiene rezagos importantes que no debería de tener siendo una de las ciudades más importantes del mundo. Pero para eso hace falta planear. Es necesario dejar de lado la visión de corto plazo y pensar en el futuro.

Algunas ciudades han tomado decisiones que en su momento fueron controversiales pero que las han puesto a la vanguardia.

Nueva York lo ha hecho en diversas ocasiones, pero el caso de Central Park es interesante. Este gran parque —en el amplio sentido de la palabra— no fue casualidad, es producto de una decisión tomada a mediados del siglo XIX, cuando se consideró que, dado que la ciudad estaba creciendo mucho, era necesario contar con un espacio público que le diera calidad de vida a sus habitantes. Se asignó presupuesto, se diseñó y se planeó, se expropiaron las propiedades que ahí estaban y se reubicó a los que vivían en ese terreno. Al diseñarse, se tomó en cuenta el tráfico y cómo dirigirlo para que no estropeara la vista ni la estructura del parque. En 1857 se inauguró un parque de 3.4 kms cuadrados, con lagos, áreas de juegos, zonas para caminar y más. Es imposible pensar en Nueva York sin pensar en su gran parque, que es un motivo de orgullo y gozo para sus habitantes y visitantes.

Estocolmo da un ejemplo más actual. Hace unos años el sector público y el sector privado decidieron desarrollar una zona marginada de la ciudad y convertirla en un centro de innovación tecnológica en el campo de las ciencias biológicas. El plan aún no se termina, pero avanza en tiempo y forma. Se atrajeron a las mejores universidades, laboratorios y hospitales suecos, se mejoró la infraestructura de acceso a la zona siempre priorizando el transporte público y se están construyendo zonas habitacionales que mezclan departamentos de lujo con viviendas accesibles, procurando la integración de los residentes de la zona. Hagastaden es un ejemplo de cómo los hubs de desarrollo se pueden desarrollar con políticas públicas, en conjunto con las ideas y combinando fondeo público y privado.

Hay más ejemplos. París con su desarrollo arquitectónico, Londres con sus políticas fiscales para reducir la contaminación, Milán con su plan para reducir el tráfico en el centro permitiendo sólo el acceso de coches pequeños y eléctricos, Copenhague decidiendo peatonalizar el centro de la ciudad desde los 70.

Las grandes ciudades se pueden crear. La Ciudad de México ya es una gran ciudad, pero puede serlo más. Hay planes e ideas que harían la ciudad más transitable, sustentable y agradable. Hay que invertir. Hay que planear y ejecutar.

Twitter: @ValeriaMoy

También te puede interesar:
La competencia o falta de
Contando algunas cosas buenas
Plan B