Opinión

Peña y Obama

Desde el encuentro entre los presidentes Ávila Camacho y Roosevelt en 1943, las entrevistas presidenciales han sido el mecanismo de más alto nivel para resolver fricciones o avanzar los temas bilaterales México-Estados Unidos.

Hay tres tipos de encuentros presidenciales: de Estado, de trabajo y específicos. Las más importantes y de mayor protocolo son las visitas de Estado. El presidente mexicano suele ser recibido por los tres poderes de gobierno: Ejecutivo, Legislativo y Suprema Corte, con un momento estelar: el discurso en sesión conjunta en el Capitolio. En las entrevistas de trabajo los presidentes suelen revisar los principales temas de la agenda binacional: migración, comercio y seguridad, entre otros. Finalmente, los encuentros específicos suelen ser breves y centrarse en algún asunto que urge resolver.

Peña y Obama sostendrán el 6 de enero un encuentro de trabajo con un tema prioritario, la crisis de seguridad y de credibilidad por la que atraviesa el gobierno mexicano.

En Washington debe haber preocupación e incomprensión rayando en molestia por el desenlace de la seguridad en México en los dos primeros años del sexenio. En su visita a México en abril de 2013, Obama señaló que en relación a la seguridad y el crimen organizado su gobierno respetaría las decisiones del gobierno de Peña. Había en ese momento un compás de espera en Washington para que el equipo de Peña definiera su estrategia de seguridad y se procediera a revisar la cooperación entre ambos países.

Pero la estrategia nunca llegó a Washington. El equipo de Peña no desarrolló un plan de seguridad. Acabó instrumentando una táctica que consistió de facto en cambiar la narrativa del país, silenciando la violencia y privilegiando las reformas estructurales; hubo una mayor coordinación al interior de México y con EU, la cual se tradujo en mayor centralización de la toma de decisiones y, en la práctica, limitó la participación de Estados Unidos; además, implementó una novedosa estrategia de prevención a la cual no se le pueden negar algunos logros.

Peña visitará a un Obama transformado, quien finalmente aprendió a dejar de conciliar para imponer su voluntad como lo muestra el acuerdo de cambio climático con China, la acción ejecutiva en materia migratoria y la decisión de normalizar las relaciones con Cuba.

Peña necesita llegar con planteamientos específicos si no quiere que Washington le imponga sus objetivos y prioridades. No hay en México ni en EU las condiciones para relanzar un proyecto multimillonario como en su momento (2007) fue la Iniciativa Mérida. Se requiere cooperación efectiva que incluya, al menos, tres elementos.

1. Alineamiento de los objetivos. Para la mayoría de las agencias de seguridad de EU el objetivo de la cooperación con México sigue siendo la intercepción de drogas y el desmantelamiento de las organizaciones de tráfico. Para México es la seguridad ciudadana, es decir, reducir la impunidad a través de instituciones de procuración de justicia –policías, jueces, ministerios públicos y prisiones–. El estrepitoso fracaso del régimen de prohibición ha hecho estragos no sólo en México sino en toda América Latina. Estamos poniendo los muertos. El año pasado el número de homicidios dolosos en la región ascendió a 167 mil (Oficina para Crimen y Drogas de Naciones Unidas). Una agenda bilateral concertada tendría que privilegiar el fortalecimiento institucional, el uso inteligente y efectivo de las instituciones de seguridad, y la protección de los ciudadanos.

2. Visión regional priorizando a Centroamérica. En el llamado triángulo del norte centroamericano –Honduras, El Salvador y Guatemala– la inseguridad es más grave que en México. Honduras es el país no en guerra más inseguro del mundo, con cerca de 100 homicidios por cada 100 mil habitantes. La crisis de los niños migrantes del verano evidenció que tenemos que trabajar concertadamente centroamericanos, mexicanos y estadounidenses.

3. Frontera segura no sólo de sur a norte sino también de EU a México. Urge la colaboración efectiva de Washington para frenar el tráfico de armas y el 'lavado' de dinero, en especial el contrabando de enormes cantidades de dinero en efectivo. Hay evidencia de que el fin de la prohibición de la venta de armas de asalto en EU en 2004 ha incidido en la escalada de violencia mexicana.

En conclusión: un entendimiento efectivo Peña-Obama en materia de seguridad es piedra angular para que el primero salve su sexenio.