Opinión

Peña no puede,
no quiere y evade

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peña nieto

Enrique Peña Nieto llegó a su Tercer Informe de Gobierno con una impopularidad gigantesca. Esto a pesar de que la economía mexicana ha crecido más en promedio, y con menor inflación, que en la primera mitad de cuatro de los cinco sexenios anteriores. Milagros, Peña no puede hacer, y no es posible dinamizar fuertemente el crecimiento en un ambiente internacional que ha sido incierto y con elementos como el colapso en el precio del petróleo, que a su vez trajo la fortísima depreciación reciente del peso. Simple: no puede.

Algo le está tocando a Peña pagar el pato del cansancio. México lleva creciendo a tasas mediocres 34 años. Pero el gobierno creó expectativas que, por factores externos pero también errores propios, quedaron defraudadas. Este año de 2015, de acuerdo al Programa Nacional de Financiamiento del Desarrollo (2013), se preveía que el PIB, gracias a las reformas, se estaría expandiendo a un ritmo de 4.7 por ciento. Al paso que va, será de 2.0 por ciento, o incluso menos. La mayoría de las reformas fueron extraordinarias, pero la fiscal fue nefasta en varios aspectos. Aumentó la recaudación, sí, a costa de incrementar los costos de tributar de manera notable. Y hasta hoy el gobierno se empecina en no modificarla. Simple: no quiere.

Las expectativas fueron igualmente defraudadas en materia de seguridad. A la guerra de alta intensidad de Calderón ha seguido una de baja intensidad, pero guerra al fin y al cabo. Ahí es donde Peña y su titular de Gobernación se equivocan: la gente no está enojada porque se haya fugado El Chapo; está furiosa porque no puede salir a las calles sin el temor del secuestro, asalto o asesinato. Se esperaba una mejora sustancial en materia de seguridad y, a nivel de “sensación” (en eso las estadísticas valen para puro sorbete), no la ha habido. Tampoco ha podido.

Pero en otros aspectos tampoco quiere. Las sombras de los escándalos por aparentes negocios turbios permanecerán. Sus disculpas al respecto son mejor que nada, claro, pero pide perdón por las ofensas que pudieron haber causado los señalamientos de conflicto de interés. Esto es, se disculpa por lo que se dice que hizo, no por lo que hizo (puesto que legalmente no hizo nada condenable). Igualmente, ha seguido el boato presidencial que ofende a millones que viven en el margen de la pobreza. Las portadas del ¡Hola! como imagen de gobierno. Simplemente no quiere cambiar esa pasión por la ostentación.

Y buscando evadir cae en presentar medidas, con una peculiar obsesión por los decálogos, que no ameritan la relevancia que busca darles. Desde nuevas formas de endeudamiento que al cabo son eso, deuda, hasta clases de inglés y las cacareadas zonas económicas especiales (que lleva meses anunciando y sin concretar). De no superar lo que realmente no quiere hacer, llegará a su sexto Informe con una impresionante sensación de oportunidad perdida aparte, claro, de la impopularidad.

Twitter: @econokafka

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