Opinión

Peña Nieto, la piñata
de Trump

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Enrique Peña Nieto

La avasallante carrera política de Donald Trump no ha necesitado de culminar en la Casa Blanca para convertirse en el mayor riesgo a la soberanía mexicana en mucho tiempo. Trump no despertó un discurso en contra de México. Muchos que pensaban como él le han premiado con la candidatura por expresar en voz alta y en importantes foros lo que ellos no se atrevían a decir. Por eso, la elección estadounidense tendrá a nuestro país, no sólo a nuestros gobiernos, como una de las asignaturas a evaluar. Y el examen nos va a doler.

Convicción y conveniencia son activadores muy distintos a la hora de tomar decisiones.

En un artículo fechado el 7 de mayo, The Economist repasa distintas acciones de ciudadanos en países latinoamericanos en torno a la corrupción.

El texto (http://econ.st/1q7XPLs) arranca con el ejemplo, notable, hay que repetirlo, de las más de 600 mil firmas reunidas en respaldo a la llamada ley 3de3, una de las siete legislaciones del Sistema Nacional Anticorrupción.

El semanario reseña que el paquete anticorrupción no pudo ser aprobado en el periodo ordinario del Congreso “principalmente por la oposición del partido Revolucionario Institucional, del presidente Enrique Peña Nieto”.

El reporte del semanario británico finaliza destacando que el respaldo a la 3de3 evidencia que los mexicanos ya entendieron que hay que luchar contra la corrupción. Y le echa el balón al presidente: “Al bloquear acciones en contra de la corrupción, Peña no sólo parece un hombre cuyo partido trata de ocultar algo. También se está colocando a sí mismo en el lado equivocado de la historia de América Latina”.

Este tipo de aseveraciones –todo mundo sabe que no es la primera vez que The Economist le receta al mexiquense una aseveración de este tipo– giran en torno a las convicciones, y han probado ser fútiles con Peña Nieto.

Quizá sea tiempo de cambiar de enfoque, y apelar a la fama de pragmático que se supone caracteriza al actual habitante de Los Pinos.

Hoy es irrelevante que Peña Nieto crea o no que la corrupción es cultural. Lo que hoy importa es que entienda que está en su conveniencia, y de paso en la nuestra, que intente un cambio radical en su presidencia para ser menos vulnerable ante Estados Unidos.

Si el presidente no relanza su gobierno será uno de los temas favoritos de la campaña de Estados Unidos. ¿Vieron las piñatas de Trump que se hicieron famosas hace unos meses? Ahora imaginen la revancha: Peña Nieto como piñata de Trump y de Hillary, que por cierto no necesita de mucho apremio para entrarle al dale, dale, dale contra México.

Aprobar leyes anticorrupción que no sean una nueva simulación; relanzar la investigación del caso Ayotzinapa; reconciliarse con organismos internacionales de derechos humanos; que el PRI deje de obstaculizar procesos en contra de funcionarios surgidos de su partido; cambiar al desacreditado secretario de la Función Pública; eliminar el doble rasero que castiga con severidad a opositores (la venganza en contra del doctor Mireles es ominosa) mientras mal disimula su tolerancia a grupos que le son afines; reconocer el (renovado) fracaso de la estrategia anticrimen y asumir un liderazgo en buscar alternativas al prohibicionismo; eliminar el modelo de moches que pervirtió las dinámicas legislativas y encabezar el fin del reparto discrecional de millonarios recursos entre las bancadas del Congreso…

Es claro que Peña Nieto no haría nada de lo anterior –que son ejemplos– por convicción; ojalá lo haga por conveniencia, para que en la campaña electoral de Estados Unidos, y al dejar su presidencia, le peguen menos.


Twitter: @SalCamarena

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