Opinión

Peña ante la sociopatía
de Trump

 
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Peña. (Reuters)

El gobierno de Peña Nieto tiene, en su encuentro con el de Trump que inició ayer, el mayor riesgo del sexenio ante la historia. Hay riesgos para el gobierno y riesgos para México, que desafortunadamente pueden no coincidir, aunque se relacionen con la sociopatía de Trump, con la cambiante economía global y con la debilidad del presidente Peña.

Un sociópata poderoso es un gran riesgo: en Trump predominan los afanes de poder y de lucro, y está dispuesto a recurrir a la violencia para conseguirlos. El mote de bully le queda bien ahora, pero puede quedarle chico pronto. Es alguien que entiende los convenios con otros en provecho suyo, para él cumplirlos mientras le plazca y para obligar a la contraparte a que los cumpla mientras a él le convenga.

La majadería de Trump de haber ordenado ayer la construcción del muro le hará difícil a Peña sentarse a negociar sin perder postura. Así debe haberlo previsto el tirano. En lo que podrá estár tranquilo el presidente Peña es que Trump no le planteará nada sobre las violaciones a derechos humanos o la corrupción en México. Son temas en lo que a él también le conviene la discreción.

La economía de México sufrirá por los cambios que el nuevo gobierno de Estados Unidos (EU) está dispuesto a provocar en la política global. Dice querer desembarazarse de responsabilidades globales, lo mismo en defensa militar que en la promoción del comercio libre, en el cuidado ambiental y en los organismos multilaterales.

El argumento para ese cambio -más o menos explícito- es la depresión económica global, que viene acentuándose desde hace tres décadas y para la que se contempla, como único remedio, acelerar el crecimiento de las inversiones productivas.

El problema son los límites a esas inversiones que impone el equilibrio roto entre oferta y demanda mercantil, y que el grupo de las economías industrializadas no ha logrado restaurar en más de tres décadas.

Lo que Trump se propone para “hacer grande otra vez a Estados Unidos” es restablecer internamente el equilibrio entre la oferta y la demanda, estimulando fiscalmente (artificialmente) las inversiones productivas y protegiendo la demanda del mayor mercado del mundo, para que consuma su enorme capacidad de oferta.

Lo que hará explícito el nuevo gobierno en las negociaciones bilaterales como las que empezaron ayer los secretarios Videgaray y Guajardo, de Relaciones Exteriores y de Economía, es que, para crecer, EU también necesita mantener su posición de potencia para acceder a mercados, recursos minerales y sectores estratégicos en otras latitudes.

Son las directrices con las que negociarán los funcionarios de Trump el Tratado de Libre Comercio de América del Norte con México. En su visión, los cambios al tratado no pueden beneficiar a todas las partes; México tendría que sacrificar sectores, empleos y recursos naturales si se quiere evitar a cualquier costo la cancelación del tratado.

Dijo el lunes Peña Nieto que a Washington “Llevaremos a la mesa todos los temas: el comercio sí, pero también la migración y los temas de seguridad, incluyendo la seguridad de la frontera, las amenazas terroristas y el tráfico ilegal de drogas, armas y efectivo”.

Por fin una buena idea del gobierno: revisar toda la relación bilateral, no sólo el TLCAN, lo cual le permitiría, por ejemplo, subordinar su colaboración en la seguridad fronteriza y contra las amenazas terroristas a condiciones razonables en comercio, migración, tráfico de armas y a que deje de decir que México pagará el muro para infringirle una humillación deshonrosa a México.

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