Opinión

Pemexproa, atraco sin oposición

Al final del largo proceso de negociaciones para la reforma energética ha salido el peine. Nos han traído la cuenta, que es más bien un gran descontón. El gobierno y sus paleros quieren que los mexicanos asumamos como si nada una deuda de cientos de miles de millones de pesos. Ay de nosotros si esto se consuma sin la debida discusión.

Usted puede estar de acuerdo en que haya apertura en el sector energético, en que se permita la competencia, en sanear y fortalecer a las empresas del Estado, en encargar a otros que vengan y exploten campos donde se requiere tecnología que hoy no dominamos (perforación profunda, fracking), pero nadie puede estar de acuerdo en que los mexicanos paguen la cuenta de un rescate multimillonario de Pemex y CFE sin al menos demandar (y obtener) explicaciones y el consecuente deslinde de responsabilidades.

El gobierno de PRI hizo una de las suyas. Ya se sabe que el tricolor no puede evitar el patrón: endulza el oído, promete reformarse, ser transparente, rendir cuentas, pero a final, en un madruguete de verano, quiere meternos gol. Y, como siempre, pretende que sean otros los que asuman los costos de sus devaneos.

Porque ha sido el PRI, y no necesariamente los trabajadores petroleros, el mayor beneficiario de los oscuros acuerdos entre las cúpulas sindicales de Petróleos Mexicanos y de la Comisión Federal de Electricidad con las respectivas administraciones de esas (hasta hoy) paraestatales. Ganaban los líderes, ganaban los priistas en las elecciones.

Y ahora el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto pretende que todos paguemos el costo de francachelas que han durado décadas, pasivos laborales que según cálculos del diputado panista Juan Bueno Torio equivaldrían a un total de 12 puntos del PIB, ni más ni menos. El PVEM, citado por La Jornada, cifra el monto en 2.1 billones de pesos.
Lo peor del caso, si tal cosa es posible, es que esta lesiva propuesta de los impulsores de la reforma energética ocurre ante el atolondramiento de la oposición.

Asistimos al suicidio histórico del PAN, un partido que al procesar el Fobaproa en 1998, alegó que aprobaba el rescate “asumiendo los riesgos inherentes o el país perdería toda oportunidad de reconstruir en un futuro cercano su vida económica” (según dijo su entonces líder nacional Felipe Calderón). Cuando eso ocurrió, los panistas reclamaron “auditorías a fondo, castigo a los responsables, y reformas legales a fin de evitar los abusos de defraudadores”, así como un esquema para minimizar el costo fiscal. Ahora, los panistas son cómplices del PRI, pues no tienen cara para reclamar nada, luego de 12 años en que también engordaron a la cúpula sindical. Esto que vemos no hubiera pasado si el PAN, entre ellos Calderón, por supuesto, se hubiera decidido a lo mínimo, a gobernar con apego a su ideario.

Por su parte, el PRD ha confirmado estos días lo que ya otros han denunciado: son un partido de improvisaciones, políticos que no se preparan para dar la batalla. En la era de los memes y los gifs, ellos salieron a “combatir” mediáticamente con antifaces y letras de cartón. ¿Será que de verdad se querían oponer?

Nadie discute lo obvio: que los pasivos laborales eran una bomba de tiempo. Lo que es inaceptable es que la oposición le entre al tema desde el derrotismo, traicionando al futuro. Es la oportunidad para ver qué se hizo en Pemex más allá del tema de los pasivos. Si esto se consuma, a ver con qué cara le explicamos a nuestros hijos que ellos son los que más van a pagar porque nosotros no supimos defenderlos.