Opinión

Pemex requiere acelerar
el paso

 
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Parecería que a partir del cambio de dirección en Pemex a principios de año, la empresa empieza a enderezar gradualmente el barco, con el apoyo de la Secretaría de Hacienda con la que hubo una mala relación en los primeros tres años de la administración. En ese contexto, se aceleró la instrumentación de algunas medidas que se habían iniciado desde fines de 2015; se anunció la puesta en marcha de otras que se habían perfilado desde la aprobación de la reforma energética y/o al acentuarse la crisis financiera y operativa de Pemex, pero que se habían quedado en el tintero; y se dieron a conocer nuevas acciones que pueden contribuir a mejorar la situación financiera de la empresa.

Entre las primeras, se avanzó sustancialmente en el pago de la deuda con proveedores que alcanzó un máximo de casi 150 mil millones de pesos en diciembre del año pasado y que, según Pemex, está a punto de liquidarse mediante el pago a grandes empresas por 30 mil millones de pesos en este mes. Para ello fue fundamental, aunque tardío, el apoyo financiero de Hacienda a través de una (insuficiente) aportación de capital y de la liberación de recursos que estaban etiquetados para pensiones y que se reorientaron a ese propósito; sin embargo, no se evitó la severa crisis de desempleo y de quiebra de empresas proveedoras en los estados petroleros, como Campeche y Tabasco.

Otra medida fue revertir parcialmente el desmedido incremento que registró la estructura de personal del corporativo −sobre todo de puestos de alto nivel y elevado costo− durante la gestión de Emilio Lozoya.

Asimismo, se supone que está en proceso el macrorecorte de gasto por 100 mil millones de pesos, esencialmente de la inversión, lo que pone en duda el objetivo de revertir la caída de la producción y 'estabilizarla en 2018' por arriba de 2.1 millones de barriles diarios, como señaló el director general.

En cuanto a medidas asociadas a la reforma, la semana pasada Pemex anunció el inicio del primer proceso para buscar socios (vía asociaciones o farm outs) en la explotación del yacimiento Trion en aguas ultraprofundas del Golfo de México cerca de la frontera marítima con Estados Unidos. Por su complejidad técnica, inversión requerida (11 mil millones de dólares), y monto de reservas (480 millones de barriles de petróleo crudo equivalente), sorprendió que Trion fuera el primer experimento de asociación de Pemex con inversionistas privados, cuando originalmente se anunciaron 13 farm outs –que, por cierto, de manera optimista el gobierno anunció que se materializarían en tres meses a partir de noviembre de 2014– y la migración de 22 contratos integrales y de servicios; de estos últimos, ninguno ha prosperado. Así, en este tema, Pemex va tarde, lento y por el camino difícil.

También es el caso del 'diseño del plan de negocios' que ahora se prometió para agosto y que en realidad será la estrategia de desincorporación de buena parte de los casi 500 activos de la empresa, lo que podría darle alivio financiero, pero sobre todo le permitiría concentrarse en áreas de negocio rentables y reducir pérdidas en diversas operaciones. Sin duda, veremos la propuesta de un Pemex no sólo empobrecido, también empequeñecido.

Entre las nuevas acciones, una buena noticia. Por fin, y no se requiere una genialidad sino sólo la aprobación presupuestal de Hacienda, Pemex adquirirá por su cuenta un programa de coberturas de precios del petróleo (lástima que esté en menos de 40 dólares por barril, pero es mejor que nada), que no implica un gasto excesivo pero cuya ausencia en los últimos diez años ha significado una severa contracción de sus ingresos propios y los consecuentes recortes al gasto, que a su vez han contribuido al constante deterioro de la producción que se ha observado desde 2003 –desde luego no es el único factor (ineficiencia, corrupción etcétera) pero sí el más importante− y que parece no tener fondo hasta que no haya una recuperación y reorientación de la inversión en exploración y extracción.

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