Opinión

Pemex: el emperador
está desnudo

El circo del Pemexproa confirma una vez más que Petróleos Mexicanos representa hoy y ha sido por décadas una pesada carga (encubierta) para casi todos los mexicanos. La reforma energética, entre muchas otras ventajas, está mostrando que el emperador petrolero caminaba desnudo entre los que elogiaban sus suntuosos ropajes. El gran auto-engañado en esta larga y triste saga ha sido el gobierno. ¿Los principales beneficiados? Todos aquellos que han trabajado para, o hecho negocios con, la paraestatal. El que finalmente pagará el carísimo pato será el contribuyente.

No por la asunción de los pasivos laborales de Pemex (y CFE) como deuda pública. Como se ha dicho una y otra vez, ya era deuda y era pública, aunque por otra parte faltaba el pequeño detalle de registrarla como tal, y de ahí la sorpresa para tantos. Su absorción permitirá a Pemex dejar de estar quebrada, así de sencillo. El argumento del gobierno que todo queda igual es correcto: ahora será el orgulloso dueño de una empresa que ya no tendrá tanto pasivo, porque se habrá hecho responsable directo de esas masivas pensiones por pagar. Lo que se debía por un lado ahora será pagado por otro, pero el deudor es el mismo. Por ello, entre muchas razones, Pemex no está hoy en venta: ningún empresario en su sano juicio la aceptaría ni regalada.

No deja de ser interesante que Pemex estableció hace menos de tres meses, en su informe anual a la Comisión de Valores y Cambios (SEC) de Estados Unidos, que su pasivo laboral para el que no contaba con reservas ascendía a fines de 2013 a nada menos que 85 mil 600 millones de dólares.

Número escalofriante, pero al parecer erróneo. Según reciente artículo publicado por la Secretaría de Hacienda, la cifra real es de unos 130 mil 770 millones de dólares (pesos más, pesos menos). La buena noticia, dice el artículo, es que si el sindicato de Pemex acepta un nuevo esquema de pensiones (para futuros trabajadores) entonces, según esto, se reducirá el costo del pasivo (de 130 mil 770 millones) que absorberá el gobierno a una cifra que (sorpresa) se acerca a 85 mil 600. Deja la impresión del comerciante que sube los precios y luego anuncia a bombo y platillo una gran rebaja.

El juego de esas cifras puede o no ser mañoso. La triste realidad es que por décadas Pemex fue una empresa diseñada para ser ineficiente y perder dinero a carretadas. La clave era un masivo endeudamiento que encubría la ineficiencia laboral y de producción, incluso suponiendo (candorosamente) que no había corrupción alguna en sus manejos. El pago total de impuestos al erario, sumado al costo laboral, aunado a un subsidio muchas veces monstruoso a las gasolinas, quebraron a esa empresa que hoy se ostenta como el séptimo productor de crudo mundial. ¿Cómo llenó los numerosos agujeros por los que salía dinero a raudales? Generando el pasivo que hoy finalmente queda encuerado. Esto es, entre otras piruetas financieras, emitía deuda en los mercados (nacionales e internacionales) y el dinero era entregado al gobierno como impuestos. Y, por supuesto, prometía con gran generosidad pensiones que no podía pagar.

Lo fundamental es dejar atrás el engaño. Lo que lleva al chiste de que, según lo recientemente aprobado por el Congreso, Pemex podrá emitir deuda con libertad y que además esos pasivos ya no estarán garantizados por el gobierno. Se le puede llamar “empresa productiva del Estado” (o sea, una paraestatal). Lo cierto es que es y será propiedad del Estado, y su deuda es y seguirá siendo vista por los mercados como teniendo una garantía soberana, explícita o implícita.

Más vale aceptar que el emperador está totalmente encuerado; muy caro ha salido pretender lo contrario.

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