Opinión

Peligros populistas
y futboleros

 
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Cuauhtémoc Blanco al emitir su voto el 7 de junio. (Archivo)

El presidente Enrique Peña Nieto alertó en su Informe de Gobierno sobre los peligros populistas que se ciernen sobre el país. Buena parte de los opinadores de medios achacaron la declaración al riesgo de que Andrés Manuel López Obrador gane la presidencia de la República en 2018 (algo cuya probabilidad sólo crece). Algunos otros la adjudicaron a El Bronco y algunos pocos incluso al precandidato republicano para la presidencia de Estados Unidos, Donald Trump.

Es cierto que el clima del país es propicio para salidas populistas: enorme desconfianza frente a las instituciones políticas, surgimiento de la ira social como caso extremo del descontento, la percepción de que “todos los políticos son iguales” y de que no hay una solución institucional a los problemas del país. Cuando esa percepción cunde, muchos optan por apoyar a políticos radicales que proponen refundar el sistema político (“que se vayan todos”) o eliminar a toda la clase política corrupta.

Hace pocos días una periodista venezolana me decía cuánto se parece el ambiente de México hoy al que existía en su país justo antes de que Hugo Chávez arribara al poder a fines de los noventa. Expresaba con rostro de preocupación que ojalá México evitara el ciclo de degradación y autoritarismo que Venezuela ha vivido en los últimos 15 años. Pero evitarlo no se logra señalando a los populistas en el horizonte sino gobernando bien.

No sé si López Obrador quepa en la definición de populista de Peña Nieto, pero es evidente que el desempeño de muchos gobiernos encabezados por el PRI, el PAN y el PRD han dado malos resultados, fomentando así el surgimiento de tentaciones populistas. La tragedia de Ayotzinapa, la corrupción rampante en los gobiernos estatales y el abuso de los dineros públicos por parte de muchos congresos en México, son algunos ejemplos que debiesen ser señalados como las verdaderas causas de que arribe el populismo, en lugar de apuntar a quienes pueden encarnar ese tipo de liderazgo.

En Cuernavaca, Morelos, está ocurriendo un fenómeno que debe alertar porque su daño es ya inminente. No se trata de un líder religioso o mesiánico, ni de alguien que fomente el odio o la polarización. Se trata de un futbolista que por el hartazgo con la corrupción de los partidos, la inseguridad y la quiebra financiera de la ciudad, está a punto de asumir el cargo de alcalde y quizá conducir a ese ayuntamiento a un proceso más acelerado de degradación.

Cuauhtémoc Blanco ganó con 26.79 por ciento por ciento de la votación. Aunque postulado por un partido político marginal que estaba a punto de perder el registro, el Partido Socialdemócrata de Morelos (PSD), Blanco fue percibido más como un outsider que desafiaba al sistema de partidos. Durante su campaña dijo: “Los políticos tienen miedito de que me los chingue, los políticos tienen miedo que sea presidente municipal y no les toque robar. Yo no voy a robar”.

El triunfo de Blanco se facilitó por las intrigas entre partidos y políticos. Se menciona que el partido que lo postuló le dio dinero para competir por sus siglas y así mantener el registro. También que el PRI le habría ofrecido dinero para que compitiera y así vulnerar el voto del PRD, sin anticipar que terminaría ganando, algo que ese partido no deseaba. Se afirma que el gobernador en funciones —frente a la posibilidad de que ganara la candidata del PRI que lo había acusado de corrupto— habría preferido apoyar a Blanco y así evitar que su adversaria llegara a la presidencia municipal.

Blanco triunfó el 7 de junio. Un día después fue hospitalizado por una afección gastrointestinal, quizá derivada de un largo festejo. Salió, se casó y se fue de luna de miel por casi tres meses. No volvió a aparecer en la escena de la entidad hasta la semana pasada que tuvo su primera reunión con los regidores electos de la ciudad de Cuernavaca.

Durante sus primeras declaraciones públicas confundió equidad de género con alerta de género cuando le preguntaron respecto a los feminicidios en la ciudad. Respondió: “el que quiere trabajar es bienvenido, no importa que si es hombre o mujer”. Pero acaso la declaración más grave en la semana que lleva en público es que rechazó el Mando Único policial porque —según él— la ciudadanía “no quiere al Mando Único, entonces nosotros trabajaremos para sacar al Mando Único porque eso es lo que quieren los ciudadanos”.

Blanco nunca ha vivido en Morelos ni conoce la problemática de la entidad. Sus declaraciones reflejan desinterés e ignorancia respecto a los temas de la agenda pública. Su falta de oficio probablemente conduzca a una crisis de gobierno y en el mar revuelto muchos asesores, contratistas y demás oportunistas lucrarán con la irresponsabilidad, la abulia y la ignorancia del futbolista.

El fenómeno Blanco ya está aquí: se encarna en el futuro alcalde de Cuernavaca y ya representa un riesgo para la seguridad y las finanzas ya quebradas de la ciudad. El triunfo del deportista invitará a que haya muchos Blancos en las boletas electorales de 2016. El fenómeno no se combate con leyes “anti-Bronco” o con discursos en contra de los populistas, sino haciendo buen gobierno hoy para que mañana los populistas o los Blancos no acaban por destruir los avances de la democracia y magnificar los problemas de los malos gobiernos.

Twitter: @LCUgalde

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