Opinión

Pejeconomía guadalupana

 
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AMLO

El 12 de diciembre el (pre)candidato se invistió como tal, proclamando un decálogo para el gobierno que espera presidir.

Nada nuevo agregó a los planes y hasta libros ya publicados.

Más bien, las propuestas muestran que Andrés Manuel López Obrador sigue obstinado en la demagogia. Se presenta como un mesías económico. La fecha guadalupana es simbólica en más de un aspecto, porque ese programa (es un decir) requeriría de un milagro, o varios, para funcionar.

Porque es la promesa de un gasto público desenfrenado. Muestra a un candidato que ha sido dos veces derrotado, y sabe que esta es su última oportunidad.

Por ello la pejeconomía ofrece algo para todos: becas (prácticamente sin condiciones) para los jóvenes que no estudian o trabajan, una pensión universal duplicada para los viejos (incluyendo los que ya tienen una pensión de IMSS o ISSSTE). Para los cientos de miles de trabajadores en el sector magisterial, una jugosa oferta: suspender la Reforma Educativa. Llegar a Los Pinos bien vale aceptar la herencia de plazas y maestros sin incentivos meritocráticos.

Educación para todos, por supuesto gratuita. Para 300 mil universitarios, un apoyo de 2,400 pesos al mes; para los preparatorianos (muchos en edad de votar) también una beca mensual.

Acceso a la salud igualmente universal y gratuita, con los medicamentos también sin costo. Acceso a Internet en todo el territorio nacional (gratis, claro). Un programa de vivienda como “apoyo efectivo, general e indiscriminado” a todos los damnificados por los sismos. Esto aparte de mover secretarías de Estado y otras dependencias federales por todo el territorio nacional (costo indefinido).

Se construirían dos refinerías (un gasto de alrededor de 400 mil millones de pesos) para reducir la importación de gasolina, esa afrenta al nacionalismo más rancio. Además las seis refinerías existentes se modernizarían, a un costo igualmente gigantesco.

Inversiones en abundancia, también, para electricidad. El futuro aeropuerto capitalino, con toda la inversión que habrá significado hasta fines de 2018, quedaría cancelado. En su lugar, se construirían dos pistas en el aeropuerto militar de Santa Lucía.

Precios de garantía al campo, más siembra de millones de árboles frutales y maderables. Créditos ganaderos con una sola garantía: la palabra del deudor. El propósito es que México sea autosuficiente en nada menos que maíz, frijol, arroz, trigo, sorgo, leche, carne de res y de cerdo, pollo, huevo y pescado.

¿El diluvio de dinero que se necesitará para todo eso? ¿Aumentos a impuestos? De ninguna manera. Como no habrá corrupción y se eliminarán gastos suntuarios, aparte de reducir sueldos de la alta burocracia, esos recursos brotarán del erario. Porque, para cerrar el milagro, el gobierno no tendrá déficit en sus finanzas y por ello no habrá mayor endeudamiento público.

La pejeconomía no resiste un análisis serio. A menos que se crea en milagros, guadalupanos o de otro tipo, es una oda a la demagogia.

Twitter: @econokafka

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