Opinión

Pasó la histeria del peso

 
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Billetes de cien, doscientos y quinientos pesos. (Arturo Monroy)

Fueron semanas, meses, de mínimos históricos y máximos histéricos. El peso parecía no conocer fondo. Ya estaba la broma que el billete de 20 pesos sería el nuevo homólogo del dólar: Benito Juárez igual a George Washington. Y muchos parecían dispuestos a creerlo, dado el ritmo brutal de la depreciación. De hecho volvió esa palabra tan temida como imprecisa, puesto que con una moneda flotante no es correcta: “devaluación”. Hasta Agustín Carstens se vio obligado a declarar que el Banco de México podía subir las tasas de interés en decisión tomada fuera del calendario regular. Se palpaba, pues, histeria en el ambiente.

Pero el mínimo histórico del peso ante el dólar, nivel interbancario, se registró ya hace varias semanas: el 26 de agosto alcanzó 17.1605. Todavía el 23 de septiembre llegó a 17.1325. Pero ya son semanas en que la tendencia es de apreciación. Y ayer cerró en 16.3690, nivel no visto en más de dos meses. Durante ese período lo que muestra el peso es una notable estabilidad, si bien todavía con cierta volatilidad. Pero ya son claramente subes y bajas, no sólo bajas.

El peso, es así de simple, está encontrando su nivel en un mundo diferente: un entorno en que el precio del petróleo es notablemente bajo y la divisa estadounidense se ha fortalecido en contra de muchísimas monedas, igual de países avanzados que emergentes. Hace unos meses hablar de un tipo de cambio de 16.50 por dólar habría sido un escándalo. Hoy ya es parte de la normalidad. Una vez más, no es la primera, se ha mostrado la enorme sabiduría que implica tener un tipo de cambio flotante.

Y además en la coyuntura inflacionaria el Banco de México ha tenido suerte. Evidentemente ha habido y habrá un “chipotazo” en ciertos precios de productos importados. Pero este se ha visto compensado en buena parte por la baja coyuntural en otros precios, como ha sido el caso de las telecomunicaciones. Y gracias a ello la inflación está en mínimos históricos. Además, Agustín Carstens ya fue ratificado –con una antelación que reflejó la satisfacción presidencial con su desempeño (sin duda una medida acertadísima de Peña Nieto). Por ello se puede seguir esperando un excelente manejo de la política monetaria, obviamente en buena parte al son que toque Janet Yellen desde la Reserva Federal.

Hay sólo un elemento que llama a la perplejidad: ¿por qué el Banco Central sigue subastando cientos de millones de dólares cada día en un mercado ya no requerido de esa liquidez que en otro momento se argumentó para realizar esas masivas inyecciones? La razón es simple: se están vendiendo dólares a 16.50 (por ejemplo) cuando fueron adquiridos por el Banxico hace tiempo a precios muy inferiores. Cientos de millones de pesos de ganancia cada día, que eventualmente terminarán en las arcas del gobierno federal cuando el Presupuesto 2016 estará muy apretado. Una jugada criticable por poco transparente, pero también magistral.

Twitter: @econokafka

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