Opinión

Pardinas: el pez y el agua

    
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Juan Pardinas

En un momento de la segunda vuelta electoral, la campaña de Mario Vargas Llosa por la presidencia de Perú, en 1990, quedó entrampada en asuntos religiosos. El escritor metido en política vivía el peor de los mundos: unos y otros condenaban su agnosticismo, mientras él se negaba a abrazar, hipócritamente, la fe católica con tal de ganar votos.

Vargas Llosa cuenta que en medio de esa turbulencia su equipo le propuso aprovechar una procesión que habría por esos días:

“…una propuesta, muy en serio, que recibí en una reunión del Comando de Campaña del Frente, para autorizar un milagro en curso de aquella procesión. Se trataba, mediante destrezas electrónicas, de abrir la boca del Señor de los Milagros en un momento culminante del recorrido y hacerlo pronunciar mi nombre. ‘Si el Cristo morado habla, ganamos’”.

El escritor no apunta en sus memorias sobre ese proceso (El pez en el agua, Alfaguara 1993), su reacción a tan chapucera propuesta.

Pero la idea de hacer hablar a un Cristo no necesariamente desentona con lo que se llega a escuchar en los cuartos de guerra electorales. Y es que las campañas son así. Y los políticos las abrazan a sabiendas de ello. Y lo hacen sin asco. Y hay en eso acaso un atributo que poco reconocemos a los políticos: su disimulo a la hora de tragar sapos.

Juan Pardinas pasó en pocos días de tapado en columnas de trascendidos a la primera plana del Reforma el sábado. El líder del Instituto Mexicano para la Competitividad, IMCO, salió ese día en el diario donde publica una fotografía comiendo con Miguel Ángel Mancera. A Juan lo andan candidateando para algo, y él se anda dejando querer… dicen.

Dejemos a salvo el inalienable derecho de todos a hacer lo que nos dé la gana. Si Juan Pardinas quiere ser candidato, enhorabuena. Sin embargo, es necesario apuntar que en su personalísima decisión podría empeñar algo más que una brillante carrera.

Si te critican por igual Andrés Manuel López Obrador que Enrique Peña Nieto, es que algo estás haciendo bien. Y ese es Juan. El IMCO es incómodo para el presidente priista y para el hasta hoy principal opositor de este país.

Con más de dos décadas de tesonero trabajo, no carente de valentía, Juan ha hecho más ancha la posibilidad de un mejor país.

Ante un presidente que sin recato se queja por cuestionamientos de organizaciones de la sociedad civil, ante un líder de Morena, que en su maniqueísmo trata de forzarnos a un conmigo o contra mí, pero también ante panistas y perredistas cómplices de corruptos e ineptos, necesitamos más Juan, más IMCO y menos Frente, Morena o PRI.

Y necesitamos que Juan se relea, como cuando a propósito de El pez en el agua retomó de ese libro el epígrafe de Max Weber:

“También los cristianos primitivos sabían muy exactamente que el mundo está regido por los demonios y que quien se mete en política, es decir, quien accede a utilizar como medios el poder y la violencia, ha sellado un pacto con el diablo, de tal modo que ya no es cierto que en su actividad lo bueno sólo produzca el bien y lo malo el mal, sino que frecuentemente sucede lo contrario. Quien no ve esto es un niño políticamente hablando”.

Juan agregó a esa cita que “la moraleja tácita de El pez en el agua es que el peor pecado de la política es la ingenuidad”. (Reforma 17/10/10)

Desde el activismo, Juan es todo menos un ingenuo. Pero en las campañas hay Cristos que hablan.

Twitter: @SalCamarena

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