Opinión

Paralelismos entre 1968, 1982, 1994 y la actualidad

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ME. ¿Vivimos una mezcla de las crisis del 60, 82 y 94?

Algunas personas me han comentado con un tono de profunda preocupación que la situación actual de México se parece a 1968 por el resquebrajamiento del tejido social; a 1982 porque el gobierno le está apostando al petróleo (endeudándose) y los precios de esta materia prima de carácter energético han registrado una caída significativa recientemente, y por si fuera poco, también se parece a 1994 porque de manera similar a los momentos que estamos experimentando, estamos en vísperas de que el Banco de la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) inicie un ciclo restrictivo de política monetaria y sabemos que este fenómeno fue clave para que se detonará la denominada “Crisis del tequila” en México. El simple hecho de imaginar una combinación de tres de los peores momentos que ha vivido el México contemporáneo suena aterrador.

El desaparecido escritor norteamericano Tom Clancy lo titularía “La suma de todos los miedos”. No obstante, considero que si bien nuestro país está viviendo momentos complicados hoy en día, no tienen nada que ver con 1968, 1982, ni 1994.

Iniciando con los episodios más recientes (1982 y 1994), voy a permitirme hacer una breve comparación con la actualidad desde cinco aristas: (1) Cuenta corriente: si bien México actualmente reporta un déficit, éste se encuentra alrededor de 2.0 por ciento del PIB, mucho menor que el 6.5 por ciento que tenía en 1994 o al 5.0 por ciento a finales de 1981; (2) exportaciones petroleras: en 1982 las exportaciones petroleras representaban poco más de 75 por ciento del total, mientras que para 1994 ya eran menos de 13 por ciento y actualmente tienen una ponderación de menos de 12 por ciento del total; (3) deuda pública externa: hoy por hoy la deuda pública externa se encuentra alrededor de 11 por ciento del PIB, un nivel muy inferior al cerca de 22 por ciento en que se encontraba en 1994 o del casi 40 por ciento en 1982.

Asimismo, si bien la deuda pública es ahora interna en su mayoría, hoy el plazo promedio de la deuda pública es de 7.7 años, cuando ésta era de apenas siete meses en 1994 y de cuatro meses en 1982. Es decir, en promedio, el gobierno tenía que refinanciar toda la deuda cada siete meses en 1994 y cada cuatro meses en 1982 y ahora se necesita refinanciarla cada 7.7 años; (4) reservas internacionales: el Banco de México contaba con cerca de mil millones de dólares en reservas internacionales (0.5 por ciento del PIB) en 1982, a finales de 1994 se encontraban en 6.3 miles de millones de dólares (1.8 por ciento del PIB) y hoy nuestro Instituto Central cuenta con poco más de 192 mil millones de dólares (15.2 por ciento del PIB), además de la línea de crédito flexible del Fondo Monetario Internacional, que puede agregar otros 70 mil millones de dólares; y (5) sistema financiero: el sistema financiero mexicano se encuentra tan bien regulado hoy en día, que ningún banco en nuestro país se fue a la quiebra en la crisis financiera global de 2008-2009, mientras que en Estados Unidos quebraron más de mil instituciones bancarias, incluyendo Lehman Brothers. Asimismo, fue relativamente sencillo que el sistema bancario mexicano fuera el primero en cumplir con los requerimientos de capital mínimo de los criterios de Basilea III en 2013. Claramente, esto no tiene nada que ver con la nacionalización bancaria de 1982 o con la quiebra masiva de instituciones financieras en 1995.

Finalmente, sobre las semejanzas con 1968: en 1968, México llevaba cerca de 40 años con el mismo partido político en el poder, en donde no se vislumbraba la posibilidad de alternancia partidista estatal, ni mucho menos federal. Asimismo, la concentración de poder que observaba el Ejecutivo era prácticamente absoluta. En 1982 se percibía un ambiente político similar. Para 1994, ya se observaba cierta alternancia partidista a nivel estatal y el Ejecutivo a nivel federal se encontraba cerca de tener un contrapeso verdadero con un Poder Legislativo más plural. Hoy no sólo hemos tenido alternancia partidista a nivel federal, sino que el Poder Legislativo se ha consolidado y ha madurado al pasar de una etapa de “no apruebo iniciativas del partido opositor”, a una aprobación de iniciativas más ligada a las necesidades del país. Lo que falta hoy es que “se sienta” la existencia del tercer poder: el Judicial.

México ha avanzado mucho en los últimos 40 años. No se está dando marcha atrás. El problema actual de falta de cumplimiento de la ley y de rendición de cuentas no es nuevo, sólo que al no resolverlo, este problema ha ido creciendo. Es por ello que considero que hoy la administración del presidente Peña Nieto y el Poder Legislativo tienen una “oportunidad de oro” para reconocer sus errores y fortalecer verdaderamente el Estado de derecho. En mi opinión, de estos dos factores dependerá el éxito o fracaso de lo que hace dos años inició con muy altas expectativas.

* El autor es director general de Análisis Económico de Grupo Financiero Banorte. Las opiniones que se expresan en el artículo no necesariamente coinciden con las del Grupo Financiero Banorte, por lo que son responsabilidad absoluta del autor.

Twitter: @G_Casillas